El ciclista del año es Geraint Thomas

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Cuando fiché por el Team Sky, me sorprendieron la generosidad y capacidad de trabajo de Geraint Thomas” me dijo una vez Juan Antonio Flecha, con conocimiento de causa, porque este exciclista que hoy saca partido a su inglés y conocimiento de los resortes del peloton en Eurosport coincidió con el galés al menos tres años en la mejor estructura ciclista del mundo, se mire por donde se mire.

Y es que con Geraint tenemos el ciclista diez. Nacido en Cardiff con muchos más años y aventuras de lo que muchos presumen, es un corredor que ha crecido de forma sosegada y paulatina hasta ser el ciclista que despertó, tras Chris Froome, más sospechas y comentarios en los dos primeros tercios de Tour de Francia, cuando un día sí y al otro también estaba en el saco de los grandes, sin inmutarse por ayudar a su líder y con opciones reales de hacer podio.

Pero dudar de un corredor así, sorprenderse de su “performance” por defecto, es sinceramente desconocer mucho cómo funciona el ciclismo. Geraint ha ido creciendo hasta ser lo que es y en muchos círculos, cuando Froome languidezca y Wiggo sea leyenda, tras Río 2016, le consideran la próxima gran estrella del fecundo ciclismo británico. Quizá por edad le pille justo, con los Yates creciendo a satisfaccion, pero no andarán muy lejos de acertar quienes apuesten por él.

Se trata con mucho del ciclista más sólido y sostenible en lo que llevamos de año. Un auténtico todoterreno que quizá tenga ahí su principal hándicap, ser bueno en todo pero no el mejor en nada. Trabaja para sí, como demostró en la primavera firmando un ejercicio excepcional, logrando incluso tocar pelo en el E3 pero siendo víctima de la gran asignatura pendiente de su equipo: rematar en los monumentos.

Ese plus que le falta para ganar cosas más grandes se demostró en Suiza porque no desentonó en ninguno de los dos grandes momentos de la carrera. Estuvo sobresaliente en la jornada de altísima montaña y rodó fuerte en la crono final de Berna, sin embargo en ambas etapas tuvo uno, sólo uno, que le superó: Pinot en la primera y Spilak en la segunda. Sintomático.

Y qué decir de su Tour. Hasta que reventó, para alegría de unos cuantos que miran el ciclismo como ven a su Barça o Madrid, su presencia fue colosal: llevando a Froome por el adoquín o juntándole el ganado en las etapas comprometidas. Todo con el sello de la casa: modestia, sonrisa y generosidad.

Este es Geraint Thomas, un ciclista que no esconde clase, porque le sobrepasa, que viene a demostrar que en los velódromos se cincelan grandes ciclistas y que marca su crecimiento en lo personal trabajando, cuando conviene, para otros. Ojalá en los sucesivo pudiera tener en su mano todo lo que ha dejado por el camino a favor de otros, y pudiera recalar en un equipo donde despliegue para sí ese inmenso talento que un día emergió de Gales.

Imagen tomada de www.velovoices.com

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