El circulo vicioso que atenaza el ciclismo más joven

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Como siempre que mi buen amigo Jordi Escursell escribe en este cuaderno, las lecturas son elevadas y las reacciones, de calidad. Aquí por ejemplo os transcribo unas valoraciones ante su post sobre la llegada de muchos profesionales dignos de la máxima categoría para preparar a chavales en una realidad de menos carreras y equipos más en precario.

Las aportaciones anteriores dan puntos de vista diferentes referidos al mismo tema, pero son sólo la parte de un todo que merecería un debate muy amplio. A ver si de manera esquemática puedo resumir un poco:

 

1. El “deporte para [email protected]” como método saludable es un objetivo institucional. Hoy en día los ayuntamientos, diputaciones, y grandes empresas (bancos, cadenas de supermercados, tiendas de deporte multinacionales) prefieren apoyar con su patrocinio un tipo de deporte popular masivo y masificado (maratones populares, marchas cicloturistas de renombre, etc.)

                                                                                                                          

2. Para el resto, o sea, deporte de competición, los patrocinios son más bien escasos y los recursos difíciles de encontrar, incluyendo Vuelta, Vuelta al País Vasco, Emakumeen Bira, etc. Incluso cabría decir que los ayuntamientos tienen más opción de patrocinar carreras de cadetes, juniors, sub-23, afortunadamente. Quien busque lucrarse tiene que irse a las marchas cicloturistas.

 

3. Las instituciones públicas, léase Diputación de Bizkaia en mi caso, presionan cada día más para que el deporte federado se convierta en “deporte para todos” mucho más allá que el deporte de competición. En realidad las licencias de cicloturistas superan con mucho al resto de licencias.

 

4. ¿Se debe enfocar hacia la competición a los niños de las escuelas de ciclismo? No necesariamente, aunque la competición se lleva en los genes…y en la cultura que les transmitimos, porque no sólo se compite en los ámbitos deportivos, sino en vestir, en estudios, en la empresa, etc. Así que, finalmente, la selección es natural y hay gente que se queda en el camino, a la que evidentemente hay que empujarle a que siga practicando deporte aunque no sea competitivo. Los “privilegiados” tienen ahora muchas más facilidades para su preparación, con entrenadores personales, aparatos sofisticados y demás. Por otro lado, esto ha convertido el deporte de competición en un asunto de alto coste económico. Si pasamos al tema de los equipos, decir que salvo los élite, el resto tienen poca repercusión mediática y por lo tanto es muy difícil encontrar patrocinadores que desembolsen grandes cantidades de dinero. Mantener un equipo hoy en día constituye un importante gasto de dinero si las cosas se llevan medianamente bien. Además, quienes antes trabajaban por amor al arte, hoy se han hecho viejos, y los que vienen por detrás quieren cobrar un pequeño sueldo o unas dietas. Aunque los organizadores de carreras aún pueden defenderse con presupuestos pequeños, mantener un equipo resulta hoy un verdadero quebradero de cabeza. La pregunta que lanza una persona en este foro resulta interesante: ¿son realmente necesarios los equipos para competir en categorías inferiores de cadetes y juniors? Quizás otro de los problemas, y que respondería de alguna manera a ésta pregunta es que hemos mimetizado comportamientos, maneras, modelos del ciclismo de élite y esto no se reduce exclusivamente a los equipos sino también a sus actitudes en las carreras. En el modo de correrlas, como etapas del Tour, cuando en realidad en estas categorías desde la salida debería de ser un “sálvese quien pueda” o (con perdón) “maricón el último”. Por todo, necesitamos un debate muy amplio y serio entre [email protected] sobre el ciclismo.

 

Por Agustín Ruiz de Larrinaga, organizador de la Emakumeen Bira y Presidente de la Federación Vizcaína de Ciclismo, reelegido el pasado octubre para 4 años más.

 

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