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El debate sobre la dureza de los recorridos es artificial e interesado

Opinión ciclista

El debate sobre la dureza de los recorridos es artificial e interesado

Endura LDB Di17
Cambrils ZC, Gran fondo

Ruego realicen un pequeño ejercicio de memoria. Así, de primeras, espontáneamente. Piensen en las carreras que más les han llenado. Aquellas carreras que una vez apagada la televisión quedan en la retina. No creo errar en exceso cuando pienso que los primeros momentos que invaden vuestra mente juguetona son aquellos de Montalcino en el Giro de 2010 –una etapa hecha lodazal-, la primera ascensión al Angliru, allá por 1999 con Manolo Lama radiando al Chaba desde el váter del hotel, la ascensión anual al Mortirolo, la llegada a la Bola del Mundo, el estreno de la Vuelta entre las nievas de abril del Tourmalet, la tempestad helada sobre el pelotón del Giro en el Gavia, la gélida Lieja de Hinault…

Endura LDB Di17

A la raíz de la sensacional jornada de ciclismo de ayer se ha animado un debate latente desde la pasada Vuelta a España. ¿Hasta qué punto imprimir dureza en los recorridos ciclistas?. El debate es interesado y oportuno por ver a ciclistas trazas eses, cuando no a pie al lado de su  bicicleta, en el cuestarrón que rompió ayer la carrera en Porto Sant Elpidio, pero no deja de estar muy condicionado por la realidad del ciclismo y esa no es otra que si no hay chepazos y dolor extremo, la audiencia no responde.

Y es que las palabras del mentor de todos estos recorridos, nos suenan huecas. Desde hace un tiempo el ciclismo competido en Italia tiene un atractivo que incluso llega a rivalizar con el generado desde la cuna de este deporte, Francia. El Giro y sus carreras satélites crecen a marchas forzadas y no lo hacen precisamente por omitir las estridencias. ¿De dónde sale entonces el sello de la Strade Bianche, con tenebrosas bajadas en empolvadas y sin asfaltar vías toscanas? Si no fuera por el sterrato esa carrera se diluiría en el denso calendario internacional. Qué decir de Lombardía, que introdujo el insufrible Sormano con unas pintadas en el asfalto nada improvisadas.

Seamos sinceros. Nos gusta ver sufrir a los corredores sobre la bicicleta y si encima se destroza la carrera mejor que mejor. Ayer se dieron tales circunstancias. En este ciclismo contemporáneo sólo la imprevisión que puede introducir una cuesta del 30% puede acabar por definir lo que es espectáculo de lo que no lo es, por que en subidas convencionales, salvo locuras como la que desató Alberto Contador en Fuente Dé el año pasado, las cartas están muy marcadas entre los grandes e incluso ocurre, en ocasiones, que el gran rival del primero es compañero de huestes y por tanto aliado forzoso. Dígase Froome y Wiggins en el último Tour.

A todo ello aliñamos que el ciclismo está como está para acabar de cuadrar el círculo. No evitemos la realidad, pues ésta dicta impasible que o buscamos animaladas o esto lo vemos cuatro gatos, los benditos incondicionales, que sí, amamos el ciclismo de pizarra y antaño pero no somos masa crítica como para que las grandes firmas digan que el tinglado es rentable.

Y todo lo demás, Sr. Acquarone, es marear la perdiz.

 

Foto tomada de twitter de Orica

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