El desconocido oficio del padre de ciclista

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El otro día cotilleando por twtter me encontré esta foto de Andy Schleck aupando a su hijo. Exciclista profesional, de éxito, recién retirado, ganador de un Tour -aunque fuera sin coronarse en París- enseñándole a su pequeño. A ello se le añade el peso familiar, su hermano, el tito Frank, uno de los corredores más sobrevalorados de la historia, y el abuelo, el papi de la colección, también se vinculan al ciclismo. Entiendo que si el pequeño Schleck sale ciclista, tendrá el argumento en los genes.

Hace un tiempo, al calor de la rabia de la muerte de Victor Cabedo, escribí esto:

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Esto es el ciclismo de bambalinas. No lo conocemos, pues lo padecen en silencio sufridos padres que asienten ante las obligaciones de sus chavales para con la bicicleta, la carretera y el ciclismo. Suena duro. “Respiras hondo, menos mal”. Momento en que ves al chaval tras llegar de entrenar o cuando le recoges en la carretera porque ha pinchado en medio de la nada.

Así es la rutina en la casa de muchos de los críos que salen diariamente a intentar ganarse la vida sobre una bicicleta. Los que somos padres nos estremecemos cuando oímos relatos así. La carretera, el vivero de ciclistas, se ha convertido en territorio hostil. Quedan otras opciones, surgen circuitos cerrados, pero no son más que apaños para intentar retrasar lo inevitable, que no es otra cosa, que un día cojan su máquina y se lancen al asfalto a hacer kilómetros.

Semanalmente, casi como en la violencia de género, oímos sobre la muerte de un ciclista. El caso de Víctor Cabedo emerge por su condición de ciclista profesional, pero también por los muchos buenos amigos que dejó por el camino. Sin embargo, la cantidad de ciclistas anónimos que alimentan la mortandad es alarmante

Es curioso, el otro día Jesús Ruiz, el presi del Sant Boi, nos explicaba la importancia de los padres. En el libro de Ainara Herrando hay un capítulo, el de Purto, que se basa en los padres, al menos la mitad del mismo con especial atención a su padre, cuyas lecciones y collejas a tiempo dieron resultado: pocos ciclistas demostraron la grandeza del catalán en el momento de perder como lo hizo en la Vuelta de 2012, cuando Contador giró la suerte de una carrera que parecía de Joaquim.

El padre es valedor abnegado, persona cómplice, pero en la distancia, un auténtico sufridor. No quiero saber del escalofrío que recorrió a los Tondo el día que perdieron a su Xavi. Quienes tenemos un enano pululando por el mundo lo podemos imaginar, aunque someramente.

En este mal anillado cuaderno a veces hemos intentado recordarles que el niño, antes que ciclista es persona. Que exprimir a un jovenzuelo con una flaca entre las piernas puede ser erróneo, que los niños nacen, crecen y eligen lo que quieren ser. Si el ciclismo se les impone, lo dejan. Hay gente experta en el tema, personas que no respiran por los críos, viven para ellos, por eso lo mejor es dejar al chaval crecer solo, inculcarle los valores que le hagan digno de respeto y cruzar los dedos para que cada vez que se le vea salir por la puerta no sea la última.

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