El fenómeno Gaviria

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Hay corredores que te pueden gustar por muchos motivos, algunos nimios, otros más trascendentes. Corredores que te despiertan opinión, no siempre comprendida y que a veces escuece y te cuesta disgustos, pero opinión, en definitiva, porque a veces la lengua nos pierde.

Con Fernando Gaviria no podemos menos que descubrirnos, por muchas cosas, pero sobre todo porque cumple una que en este mal anillado cuaderno siempre hemos puesto sobre la mesa: viene de la pista y demuestra maneras en la ruta. C´est tout dit.

Es curioso, en los días que supimos que Albert Torres revalidaba su título europeo de ómnium, una de las referencias históricas de la joven modalidad sigue sumando en China, en ese final que la UCI se ha montado lejos del nido.

Tres etapas, a falta de la última, en Guangxi, la región meridional china que acoge el epílogo cilcista de la campaña. Tres etapas sobre tres posibles, eso es efectividad Sagan en California, o si queréis más próximo, Bennet en Turquía.

Podría ser desdeñable esta estadística, en una carrera que, aunque en el WT, no deja de ser un segundo escalón en cuanto a rivales y concurrencia, si no tuviéramos presente que la primera de las trece victorias de Gaviria este año aconteció hace nueve meses, en el lejano enero, en el no menos alejado Tour de San Luis.

Gaviria suma triunfos en los tres continentes, el mapa de su habitación reparte chinchetas por el globo, en horizontal. Tiene sólo 23 años y su evolución no para, sigue su curso y lleva a destino desconocido.

Hace 23 años, sólo ese tiempo, el ciclismo colombiano era corredores como Álvaro Mejía, “Cacaíto” Rodríguez y Oliverio Rincón, buenos ciclistas, el primero estuvo a punto de ser podio en el Tour, pero los de ahora son otra cosa, son la evolución natural de la especie, que se dice que por pura inercia mejora y tira adelante.

Cuando ganó la París-Tours dijimos que Gaviria no conoció a los escarabajos, dícese de ese corredor menudo, que llevaban al límite en la primera semana del Tour, porque si llegaba con fuerzas a la montaña, podía hacerlo saltar todo.

Ahora mismo este pistard de éxito acumula experiencia y triunfos, ojo a sus victorias en el Giro de Italia, culminadas con la “maglia ciclamino”. Y ojo a lo que le viene, es la apuesta de Patrick Lefevere, inequívoca, además, en una dirección. Y ojo porque si Lefevere te pone una X, es por algo.

En una estructura venida a menos, Gaviria sale reforzado, ya no tiene a Marcel Kittel al lado, es decir que los azules, si es que siguen vistiendo de azul, se lo juegan todo al colombiano, los belgas jugándoselo al colombiano. La sola circunstancia habla por sí sola de la jerarquía del fenómeno Gaviria.

Imagen: © Quick-Step Floors Cycling Team/Tim De Waele

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