El gallo vuelve al “maillot jaune”

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Cada año que pasa es una losa para el ciclismo francés, pues concluye otra temporada sin ganar el Tour de Francia. Ya han pasado 27 desde que Bernard Hinault ganara su quinto Tour y desde entonces, aunque Laurent Fignon y Richard Virenque han estado cerca de sentar precedente, ningún anfitrión se ha vestido de amarillo con la perspectiva del Arco del Triunfo a su espalda.

En estos tiempos de proteccionismo e identidades nacionalistas, el Tour ha devuelto la marca patria al maillot jaune. Le Coq Esportif, esa marca que muchos conocimos con la selección española de fútbol hace 25 años, sale impreso en la túnica sagrada al  lado de las iniciales HD de Henry Desagrange, el papá de la carrera. El regreso del gallo francés se podría interpretar un paso intermedio para que uno de los suyos vista finalmente la flamante casaca en los Campos Elíseos.
El último ciclista en vestir un maillot serigrafiado por Le Coq fue Pedro Delgado. Desde entonces varias marcas han entrado en el selecto club de “partenariado” de la carrera en calidad de proveedor textil: Castelli, Giordana y Nike. Ésta última en el periodo de los cuestionados siete Tours de Lance Armstrong cerrando un círculo virtuoso para los amantes del marketing.
Pero el maillot surgió hace mucho. Camino de los cien años, esta prenda ha universalizado el amarillo como el color del éxito sobre una bicicleta. Su poder evocador ha homogeneizado los lideratos de todo el mundo. Ya no existen el blanco de Niza, el verde de Romandía,… las nuevas carreras tintan de este color sus líderes y sólo el Giro resiste y la Vuelta se rebela con su reciente rojo.
El amarillo fue un color que siempre extrañó Raymond Poulidor. Para Jean-Pierre Genet “llevarlo significó el día más bonito de mi vida”. Te marca de por vida. “No existe un “maillot amarillo en rebajas” admitió Martial Gayant. Pero como dice el refrán sin rima, esta pieza da alas, como atestiguó Accacio Da Silva, el primer portugués en vestirlo en 1989. Su invención se debió para querer distinguir al líder del resto, pues todos vestían insalubres prendas grises.
En 1919 Eugéne Christophe vistió el primer maillot amarillo, se lo dieron en el “Cafe L´ Ascenseur”. Su soleado resplandor cinceló los machacados cuerpos de Henri Pellisier, Ottavio Bottechia, Nicolas Frantz, André Leducq, Antonin Magne, Renne Vietto, Georges Speicher, Charles Pélissier, Guy Lapébie y Maurice Archambaud. En esa época el último se daba en los Parque de los Príncipes de París. Gino Bartali marcó el inició y fin de la Segunda Guerra Mundial de amarillo. Mientras Romain Maes, vencedor en 1935, puso el nombre de “Au Maillot Jaune” a su café. Como él más de 250 atletas lo han vestido alguna vez.

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