El Gilbert de BMC

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Los nacionales belgas han sido este año en la zona de los lagos, al sur de Charleroi, cerca de la frontera de Francia, un lugar precioso, de ciclismo de primavera, carreteras ratoneras y estrechas, pero en el ocaso de junio, con el verde emergiendo para cercar estrechas rutas.

La victoria en ese bello paraje fue, cinco años después, para Philippe Gilbert, en un mano a mano, de poder a poder entre el campeón y Tim Wellens, ese ciclista que no sabe especular. Entonces el valón estaba de dulce, en su ultimo año en el Lotto, en la que posiblemente haya sido la mejor temporada que alguien haya firmado en la última década. Al año ficharía por BMC, equipo que dejará este año.

Para Gilbert el campeonato belga marca el principio y fin de su permanencia en el equipo “rossonero”, un nido de corredoros que creemos que no han dado de sí todo lo que su nombre y perspectivas prometían.

Y para muestra Gilbert, a quien dos ataques puntuales, dignos de campeonissimo, pero sólo dos momentos en cinco temporadas, en el Cauberg, han resumido lo mejor de este corredor en el equipo de origen suizo.

En 2012 Gilbert ganó el mundial en la célebre cota de Valkenburg, donde al poco ganaría su segunda Amstel. Más allá de estas dos perlas, etapas en Giro y Vuelta y poco más, muy poco más, para un ciclista que se distinguió por tener un hambre tal que encontró la fórmula de ganar hasta el aburrimiento de los rivales que debían dejarle marchar ante la instancia de un ciclista que parecía el conejito de Duracell, incluso en carreras que sobre el papel no le iban, como aquella que un día llamó Het Volk y que abrió el melón de las victorias para el entonces ciclista de la FDJ.

El Gilbert de BMC fue un 75% del ciclista que aterrizó como el mejor ciclista del mundo. ¿Motivos? todos tendrán uno, obviamente cuando hay rendimientos muy desiguales en tan breve espacio de tiempo todos pensamos en lo mismo, pero como en ese camino no tenemos más que suspicacias, que no certezas, sabéis que no entramos. Sólo un dato, sumó el mismo palmarés en 2011 que en los cinco años de BMC.

El otro motivo, y que creo que contribuye mucho, es la idiosincracia del equipo, el mismo que el otro día mencionamos cuando hablábamos de Porte y Van Garderen. Buenos sueldos, comodidad, estructura bestial -Samu aún flipa cuando la compara con Euskaltel-… son variables que contribuyen a la dignidad del ciclista pero también adormecen su apetito y el Gilbert del BMC siempre ha dado esa sensación.

Por cierto, que ya que hablábamos de los nacionales belgas y del BMC, ojito con Van Avermaet para el Tour, su forma es insultante, dominó un pelotón cargado de calidad a placer mientras su compañero iba con Wellens por delante y acabó siendo tercero. Ya sabéis Van Avermaet en forma en sinónimo de bestia negra de Sagan, nos divertiremos más de un día con ellos por Francia.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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