El Giro de Italia, a medio camino entre negocio y pasión

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En el Giro de Italia el capo que toma las decisiones últimas es Michele Acquarone. El ahora mentor máximo de RCS toma las riendas que en su día llevaron los históricos Armando Cougnet, Vincenzo Torriani, Carmine Castellano y Angelo Zomengnan. La estirpe de nombres impone respeto. Todos ellos pusieron su grano en hacer de ésta la carrera nacional de Italia, esa prueba por que los suyos suspiran incluso por encima del Tour de Francia.

Canada's Ryder Hesjedal holds the trophy after winning the 95th Giro d'Italia, Tour of Italy cycling race, in Milan, Italy, Sunday, May 27, 2012. Hesjedal won the 95th Giro d'Italia finishing 16 seconds ahead of Joaquin Rodriguez in the general classification after overhauling the Spaniard's lead on the final stage in Milan. Hesjedal started the 21st stage 31 seconds behind Rodriguez, but completed the 28.2-kilometer (17.52-mile) individual time trial in 34 minutes, 15 seconds to finish the race in a total time of 91 hours, 39 minutes and 2 seconds. He becomes the first Canadian to win the Giro. Marco Pinotti won the stage in 33:06. (AP Photo/Gian Mattia D'Alberto)

Ahora Acquarone nada en un momento complejo. Ha hecho del Giro y todas sus carreras satélite un ejemplo de ciclismo 2.0 con una continua presencia en medios y permanente generación de titulares pero también entonando el mea culpa cuando la situación lo requiere, en un acto de humildad muy poco dado en la historia, aunque en este entorno de comunicación horizontal se impone si quieres seguir siendo respetado.

La entrevista que Cycle Sport saca en su previa del Giro con Acquarone se realizó la jornada que dinamitó la Tirreno y de su desarrollo el director de la carrera admite el error de haber introducido la famosa rampa del 27% que muchos debieron subir a pie.

Sin embargo de la citada pieza son varias las impresiones que nos quedan. Primero la terrible tendencia al negocio que mueve la actual cúpula de la carrera italiana. Entiéndase esto no como una crítica, si no como un halago por que con esta premisa el Giro ha recuperado un esplendor que por ejemplo hace una década no tenía cuando se convertía en una cuestión de pugnas entre italianos y algún foráneo ocasional. Además si la carrera es un negocio sustancial seguirá viva, en caso contrario languidece. El Giro que parte el sábado desde Nápoles tiene un cartel que repite en de las últimas ediciones y lo hace sobre el principio de que nada falle para que una figura acuda a la cita.

“Si Wiggins necesita una crono, disponemos una. Si Cavendish quiere llegadas al sprint, tiene hasta siete etapas para ganar”. Lo que sobre un papel parece sencillo no lo es, pero la maquinaria del Giro lo sabe engrasar y le da forma con un recorrido terriblemente equilibrado, a las siete etapas de posible sprint súmenle otras tantas de montaña, que respeta las opciones de todos los candidatos y al tiempo resalta las señas de identidad de la carrera recuperando las Tres Cimas de Lavaredo y dando un golpe de efecto con la llegada al Galibier. A todo ello añade un esquema sencillo y claro de cómo plantear etapas cuyo final esté a una hora máximo del hotel y en autopista.

Pero además existe la opción del Giro como escaparate turístico y eso Acquarone lo tiene pero que muy claro. Mientras España, un país con los mismos problemas económicos que Italia, arrastra formas y usos promocionales trasnochados con una discutible cobertura televisiva , el país transalpino aglutina lo mejor que conoce la carrera para que medio mundo se entere de las maravillas de Matera, de Nápoles, de Brescia y de Florencia. Sitúan sobre un pedestal rodante toda la oferta y la venden con una calidad de producción que el Tour marcó y que en Italia tienen clara para que la carrera superviva a una pavorosa situación económica que como el propio Acquarone admite que no es latente sino real, pues muchos municipios no se pueden permitir el Giro pero con imaginación se hace rentable su paso por los mismos. Gastar dinero en calidad televisiva no es un gasto, es una inversión para que la competición siga con vida.

Y a pesar de su amor por la tierra donde se instalan no obvian la dimensión de un Giro en el extranjero. El año que viene saldrán de Belfast, Irlanda, el pasado lo hicieron desde Herning, Dinamarca, y como magos de la comunicación que son ya generan expectación sobre el 2017 cuando la carrera llegue a las 100 ediciones.

A pesar de la modernidad que transmite su quehacer, la actual cúpula del Giro no puede ser más coherente con la historia y orígenes de este deporte que nació hace ciento y pico años como una opción de eventos asociados a periodismo. Y eso hay que admitir que Acquarone lo tiene claro, muy claro.

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