El #Giro: presentación

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Sabíamos por la historia que los dirigentes del Tour de Francia se han sentido siempre identificados y con voluntad de hacer de su prueba la carrera de más alto prestigio internacional. Sus organizadores saben bien de sobras que todo lo que sea novedad contribuye a engrandecer en alto el listón del deporte de las dos ruedas. No hay duda, pues, que el introducir la caravana multicolor en un país extranjero crea un clima sano entre las gentes y sobre todo se alcanza una mayor popularidad a través de la prensa escrita y de los mismos medios auditivos.

Pero este contraste o actitud que venimos experimentando también ha contagiado a los que tutelan los designios del Giro de Italia, que de un tiempo a esta parte ha verificado los inicios de la prueba en tierras extranjeras. Esta vez, por ejemplo, tenemos constancia del desarrollo de las tres primeras etapas en los Países Bajos, un acontecimiento a todas luces brillante en una nación que vive de años bajo el influjo dominante de las bicicletas y que cuenta con miles y miles de practicantes, en este territorio popular por los extendidos y vistosos tulipanes, que cuenta con extensas planicies y que se ha preocupado en conquistar y en fertilizar tierras inundadas por el mar. Es un incentivo el pedalear en un territorio marcadamente llano que facilita la actividad de los adeptos a montar en bicicleta, aunque muchas veces se levante un viento intempestivo, gran obstáculo para darle a los pedales. Basta pisar o palpar estos confines que bien conocemos para percatarse de lo que representa este artilugio mecánico llamado bicicleta. Damos constancia fehaciente de ello.

A propósito de lo dicho más de uno nos ha preguntado la razón primordial por la cual se ha llegado a este punto que obliga a los concurrentes, léase ciclistas, a trasladarse a un punto lejano de su Giro, con el consiguiente trastorno que supone el desplazarse a otro punto situado a miles de kilómetros de distancia en una prueba de alto rango y contenido deportivo. En el fondo esta movilidad perjudica a más que nadie a los propios ciclistas ante este fenómeno que se ha ido experimentando en el curso de estos últimos años. Tanto en lo que hace referencia al Tour de Francia como al Giro de Italia.

Quisiéramos bien reafirmar también que el factor económico ha pesado y pesa muy de veras a la hora de tomar una decisión al respecto. Lo que en verdad hace inclinar la balanza, lo repetimos, es el dinero cantante y sonante que se deposita encima de la mesa por parte del ofertante. No hay vuelta de hoja. Por un lado, está el ofrecimiento de una cautivadora y substanciosa cantidad, y, por el otro, la aceptación de la misma. El que ofrece y el que acepta, están seriamente involucrados en el juego. Pero es que los dos a fin de cuentas y a la par salen ganando la partida.

La historia del Giro y los Países Bajos

A raíz del presente comentario, nos hemos decidido a concretar las veces que el Giro ha hecho incursión en tierras extranjeras, y más concretamente en las veces que ha iniciado como preámbulo su periplo en tal sitio o en tal otro. Es tan sólo una exposición de hechos como simple curiosidad a favor los lectores asiduos que leen estas páginas de El Cuaderno de JoanSeguidor.

Quisiéramos recordar que fueron en los años 1965 y 1966, cuando el Giro se puso tímidamente en marcha en República de San Marino y en el Principado de Mónaco, respectivamente. Más tarde, en el año 1973, la caravana multicolor ciclista rindió visita a la población belga de Veviers y al año siguiente al Estado de la Ciudad del Vaticano. Siguieron posteriormente las ciudades que relacionamos a continuación: Atenas, en Grecia (1996), Niza, en Francia (1998), Groningen, en los Países Bajos (2002), Seraing, en Bélgica (2006), Amsterdam, en Holanda (2010), Herning, en Dinamarca (2012), Belfast, en Irlanda (2014) y finalmente, este año, Apeldoorn, de nuevo en los Países Bajos.

La conclusión final, simple anécdota, es que el Giro de Italia ha registrado en su haber a lo largo de su historia nada menos que doce comienzos en tierras exteriores, lo cual no deja de ser un dato de interés para los que se sienten atraídos por los datos estadísticos. Hacer hincapié que en este sentido al señalar que Holanda ha sido protagonista al ser galardonada o compensada en tres ocasiones.

¿Qué nos han deparado las tres primeras etapas?

Como toque final al presente comentario, no podemos sustraernos a lo que ha acontecido en el transcurso de las tres primeras etapas de esta edición número 99, que se han celebrado en territorio holandés, aunque lo hacemos de manera un tanto sucinta al tomar en consideración y valorar en su justa medida lo que ha acontecido, que no ha sido mucho. Las tres jornadas han tenido más bien un carácter festivo y de correspondencia hacia el gran público allí presente en tan magna cita, llena de colorido y entusiasmo por doquier.

La etapa primera contra las manecillas del reloj, corrida íntegramente en los alrededores de Apeldoorn, con un breve recorrido que no llegaba a la decena de kilómetros, no pasó de ser un magnífico espectáculo rodado y vistoso ante el aplauso frenético de las multitudes allí presentes, que acogieron con especial énfasis la demostración de su compatriota Tom Dumoulin, que aunque nacido en Maastricht, es un ídolo por todas partes a sus 25 años, vencedor por centésimas de segundo sobre el esloveno Primoz Roglic, una sorpresa no esperada.

En los dos días que siguieron, etapas completamente casi llanas,con sendas metas en Nimega y Arnhem, se impuso con facilidad y sin sombra el germano Marcel Kittel, un velocista consumado, originario Arnstadt, con 27 años sobre sus espaldas. El gran pelotón, convencido ya de su poderío, debió inclinar la cabeza sin discusión. Su segunda victoria le valió automáticamente una bonificación de otros 10 segundos, y en consecuencia la conquista de la elástica rosa, la prenda que premia a este líder en un principio momentáneo. No hubo muchas más cosas de trascendencia para contar. Las dificultades reales que encierra el Giro que nos ocupa vendrán más adelante y más concretamente en el transcurso de los últimos nueve días, en el corazón de los Alpes, con sus jueces de paz inamovibles y que infunden un gran respeto.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de FB de Giro de Italia

1 COMENTARIO

  1. A la espera estamos de cuando las espadas de los ciclistas se pongan en alto para dar lugar a las consabidas hostilidades, especialmente en las últimas cuatro etapas.

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