El golpe de teatro

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Tras las etapas que hemos ido viviendo en el transcurso de esta última semana y que hacen referencia al Giro de Italia, somos sinceros en afirmar que nos ha sorprendido el cambio de timón que se ha experimentado en esta octava jornada que ha mostrado, sobre todo en su última parte, un alto grado de emotividad. Confrontando la configuración de la etapa con un puerto de 3ª categoría, apelado Scheggia, y a continuación otro un tanto singular, denominado Alpi di Ponti, un 2ª categoría, cuya cima estaba emplazada a una altura de 827 metros, nos hacía imaginar que no se producirían serios altibajos en la tabla de la clasificación general. La cosa no fue así y se rompieron los moldes en especial en la última fase de la etapa, cuando la meta de Arezzo distaba a una treintena de kilómetros. Cabe hacer un inciso recalcando que hubo una escapada matutina de varios ciclistas sin mucho nombre que se lanzaron a la aventura sin tener la abierta convicción en su interior de que la aventura llegaría a buen término. Algunos, en verdad, lo consiguieron.

El pequeño grupo de vanguardia compuesto por una veintena de animosos ciclistas fue perdiendo unidades como consecuencia de los esfuerzos dilapidados en la ruta. Entrando en la fase decisiva del día, a su primer paso por la población de Arezzo, se resistieron a abandonar el reto nada menos que cinco corredores, todos ellos transalpinos. Anotamos a Brambilla, Montaguti, Moreno, Marchi y Moser, unidos en perfecto acuerdo para tratar de culminar su gesta.

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En la ascensión a Alpi di Poti, una subida de cierta envergadura, se produjo este golpe de teatro que nadie esperaba bajo la batuta final del animoso protagonista, Gianluca Brambilla, que se sintió con fuerzas para empujar los pedales en solitario hasta la línea de llegada. Ya no fue alcanzado y su triunfo inesperado le valió, además, para enfundarse nada menos la codiciada elástica rosa que distingue al líder de la prueba. Brambilla lleva seis años como corredor profesional, y a los 28 años se ha hecho acreedor de una gloria que no aguardábamos ni él ni nosotros. Nació en la localidad de Bellano, que se sitúa en la región de Lombardía, a orillas del Lago Como, no lejos de la nación helvética. Es una población de pocos vuelos que cuenta con tan sólo 3.300 habitantes. En ese pueblo, hoy, de seguro que estará de fiesta para celebrar la hazaña de su paisano ciclista, que siempre fue muy modesto en sus actitudes y de personalidad extremadamente tímida en su porte.

El segundo clasificado de la etapa fue Matteo Montaguti, que llegaría a más de un minuto del vencedor. Le seguiría Moreno Moser, que lo haría a un minuto y medio. Pero a lo dicho, el gran movimiento de última hora fue protagonizado por el español Alejandro Valverde, que no cesó con su empeño y con constancia repetitiva con el objetivo de fraccionar al pelotón ya medio disgregado. Resistieron a su certero ataque una decena de corredores de alto copete. Nombramos entre ellos: el italiano Nibali, el ruso Zacarin, el holandés Kruijswijk, los colombianos Urán y Chaves, entre los más ilustres. Destaquemos también entre estos elementos que citamos al vasco Mikel Landa, que recuperó de nuevo en un día feliz sus posibilidades.

Resulta que Valverde ha subido a la cuarta plaza de la general y que Landa, en buena vena, ocupa actualmente el décimo. Por tal motivo nos hemos de alegrar por la situación con que se encuentran nuestros dos compatriotas. Es una página que nos da cierta esperanza cara a las etapas venideras alpinas que nos aguardan a la vuelta de la esquina. Hemos de esperar una semana de más para afrontar los temibles jueces de paz.

Para terminar el presente comentario, hemos de hacer alusión al ciclista holandés, nacido en Maastricht, Tom Dumoulin, que se desmoronó del ilusionado puesto de líder en la vigilia a pasar a ser el undécimo en la clasificación general. Un golpe bajo que a lo mejor no encuentra remedio en aras a su recuperación y a su flema. Ahora, tendrá lugar una etapa de contrarreloj individual en un recorrido sinuoso que abarca la distancia de 40,4 kilómetros. Sabemos que Dumoulin es un consumado especialista contra las manecillas del reloj. Ignoramos si podrá superar este mal trance que ha sufrido subiendo el puerto Alpe di Poti, que, dicho sea de paso, tenía un trazado de tierra sin asfaltar y con grava por en medio a lo largo de sus casi 9 kilómetros de ascensión. No dejó de ser un duro obstáculo o dificultad a sufrir por parte de los ciclistas concurrentes.

Pero lo más chocante a lo dicho constituyó el de que hubo un desaprensivo o varios, no se sabe, que antes de que transitaran los ciclistas se sembrara o sembraran la aludida carretera de punzantes y diminutos clavos. Suerte hubo de que varios aficionados allí presentes se ofrecieron y contribuyeron en justo momento a colaborar desinteresadamente para limpiar el tramo afectado de esta carretera forestal y presidida por el polvo de los suelos, que a fin de cuentas ha tenido su propio e inusitado protagonismo. El ciclismo nos ha traído esta novedad que tampoco esperábamos.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de FB de Giro

1 COMENTARIO

  1. Interesante crónica de Fuster sobre la 8ª etapa, en la que se destaca los escarceos de Valverde hasta ocupar el 4º puesto de la general y la broma de mal gusto de esos desaprensivos, sembrando las carreteras forestales de clavos.

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