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El gran golpe de Greg Lemond

@JoanSeguidor

El gran golpe de Greg Lemond

Endura LDB Di17
Cambrils ZC, Gran fondo

Hay días que por mucho tiempo que pase se marcan el recuerdo. Cada uno tiene uno, dos o tres días de esos. A mí en concreto me viene siempre uno a la mente cuando se habla de finales emocionantes. Me refiero a la crono final del Tour de Francia de 1989, una de esas jornadas que, vistas hoy, nos recuerdan que estamos ante el deporte más bello del mundo.

Porque fue un mundo en jaque, el juego del gato y el ratón entre dos ciclistas irrebatibles como Greg Lemond y Laurent Fignon. Ambos tuvieron muchas cosas en común, a pesar de haber nacido en puntos tan alejados como Lakewood, en California, y París. Los dos fueron compañeros de jóvenes y los dos fueron ciclistas que explotaron muy rápido, tanto que su sola irrupción fue clave para rebajar el ya de por sí tremendo bagaje de Bernard Hinault.

Endura LDB Di17

El año 1989 estaba siendo el de Laurent Fignon. El caballeresco ciclista de rubia melena había reeditado su triunfo en San Remo y le sumó el Giro –carrera que debió ganar cinco años antes-, su primera gran vuelta desde que ganara el segundo Tour en 1984. En ese Giro rosa de Fignon, Lemond volvía a ejercer ciclista, tras un año en blanco, 1988, por el accidente de caza que casi le cuesta la vida. El americano acabó a casi una hora del galo, anónimo y desganado, más allá del top 30.

Sin embargo, aunque en el Giro Lemond sondeó seriamente la idea de dejar el ciclismo, la ultima crono tuvo un resultado interesante, el entonces corredor del ADR belga fue segundo, un hito de esos que en medio del desánimo y la tormenta interior puede resultar balsámico.

#DiaD 23 de julio de 1989

A las pocas semanas el Tour arrancaba con el famoso prólogo de Perico y su despiste y una larga crono en la primera semana que pondría a Lemond en la pole de los favoritos a los mandos de una bici con manillar de triatleta, una novedad que dejó perplejos a no pocos. Se iniciaba así una lucha sin cuartel por la prenda amarilla entre Fignon y Lemond, una lucha que se alargaría hasta las mismísimas postrimerías del Tour.

La crono final del Tour es entre Versalles y París. 24,5 kilómetros de recorrido y cincuenta segundos entre Fignon y Lemond. “¿Es posible la remontada? claro, en la otra crono pude sacarle 56 segundos” alardeaba Lemond en la previa, jugando a pitonisa y no contando la verdad entera: esa primera crono tuvo más de 70 kilómetros, la otra era mucho más corta.

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Confiado, por la mañana reconoció el recorrido con su compañero Jaanus Kuum y se presentó en la salida del complejo palaciego con su bici equipada de un manillar de triatleta. Pertrechado con un casco, acoplado al 100%, Lemond estaba resplandeciente. Al otro lado de la caseta de lanzamiento Fignon, tocado físicamente, sin casco, con su melena al aire, parecía oxidado, sin la confianza necesaria de afrontar lo que se le venía encima.

Y los tiempos fueron inmisericordes. En el cuatro Lemond le había rebañado diez segundos, en el trece consiguió 21 y en la entrada de los Campos Elíseos, a tres de meta, la ventaja estaba en 45 segundos, a sólo cinco del objetivo. Los que manejaban aquellos tiempos estaban a siendo testigos de la remontada más emocionante de la historia. Mientras Lemond esperaba en meta, Fignon vio, a menos de cien metros de la llegada, cómo se le escapa un Tour de Francia.

Ocho segundos, nada más que ocho, una distancia inferior a los hectómetro acabó con el sueño amarillo de Fignon, un hecho que visto ahora, en perspectiva, cobra relevancia, pues el ciclismo francés no volvería a ganar un Tour y son ya más de treinta años sin hacerlo, el periodo de sequía más largo en el país que anida buena parte de los orígenes del ciclismo que conocemos.

Imagen tomada de cyclehistory.wordpress.com

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3 Comentarios

3 Comments

  1. Javier Ruiz

    8 de enero, 2016 at 23:55

    Ese Tour nunca tuvo que ser de Lemond. Infringió el reglamento utilizando un manillar por entonces prohibido. La UCI, el Tour y cía y sus tejemanejes oscuros ya hacían de las suyas por aquella época. Poco se ha cambiado…

    • Ivan

      10 de enero, 2016 at 15:54

      tengo testimonios, incluso uno del propio Perico, que dicen que supo interpretar las reglas y sacar el resquicio entre las leyes para poder usarlo. Ten en cuenta que en las siguientes carreras su uso se normalizó entre, incluso, Fignon y sus compañeros

  2. Pingback: Para grandes marchas: Castelli | El Velódromo

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