El hijo de Erik Zabel

1
10
vistas

Es obvio que mentar ciertos nombres en ciclismo es casi pecado. Hoy traemos a un tipo que confesó pecados, no haber sido honesto con su deporte y sus colegas,… Erik Zabel, se le podrá considerar cualquier cosa, se le podrá decir cualquier cosa, todo menos que no fue, esos años que estuvo en el profesionalismo, un maestro en San Remo. Zabel ganó cuatro veces la carrera que dibuja el caprichoso perfil costero de la Ligura. No olvidamos que pudo ser una más, cuando perdió una edición frente Oscar Freire por celebrar con premura.

Zabel ganó por ultima vez en San Remo en 2001. Nada menos que catorce años han pasado. Más jóvenes, menos calvos, más lívido, dicen. Sin embargo esta porción de la parte ancha de la bota itálica volvió a ser alemana, como hace dos años, cuando Gerald Ciolek, cabreadísimo por caerse en el Poggio con Stybar y Gilbert, mojó la oreja a Sagan bajo el diluvio.

San Remo ha hecho justicia con John Degenkolb. Esta carrera siempre ha sido proclive a ciclistas que saben manejar el tiempo como pocos. Degenkolb no apareció, no asomó, estuvo en la segunda línea, en tercera. Sky, Etixx, Katusha, Trek,… novatos. El Giant, o Alpecin, como gusten, amarrados, atrás, quietos, latentes, hasta que la carrera les dio la mínima opción. Sólo una vez pasaron a cabeza de carrera, fue al final. Mala suerte.

Admito que la Milán-San Remo es la gran clásica que siempre menos me ha gustado, que he tardado en encontrarle el atractivo. Sin embargo, desde hace un tiempo, me atrae, es increíble, estresante. Es una carrera en el alambre, corrida a mil por hora, donde la propia velocidad, la inercia, trae consigo los errores y los aciertos, servidos en partes desiguales. Uno acierta, el resto yerra. Mala suerte.

Y hoy fueron varios los que no encontraron su momento. Para romper en el Poggio o antes del mismo hay que ser Bugno, Fignon o Fondriest. Ciclistas de ese calado no los hay ahora mismo, o quizá no los hay en forma aún, porque como se vio el nivel del Poggio fue mucho hasta para Vincenzo Nibali. De entre los casi doscientos que salieron del Castillo Sfoscesco de Milán, sólo uno intentó algo en serio desde lejos. Fue Gerant Thomas y fueron tantos los cerrojos que pusieron atrás que encontrar el camino resultó imposible.

Ya en el Poggio Cancellara miró de hacerlo, también Sagan, lo mismo que Gilbert. Nada. Incluso más aldelante, Sagan tuvo un momento de impás en que se vio delante, solo, con un huequecillo que no quiso aprovechar. Craso error, más cuando hace un tiempo tiene un puñado de ciclistas que le derrota sistemáticamente en cada sprint. A ver cuánto tarda Tinkov en reprocharle el sueldazo. También estuvo ahí Van Avermaet, pero éste, en términos esotéricos tiene un áurea negativa, muy negativa, siempre pasa algo que le perjudica y le impide ganar. San Remo no fue excepción.

Capítulo aparte merece Alexander Kristoff, un ciclista con nombre que podría bautizar una marca de vodka, que hoy se vio desbordado. Kristoff las pasó canutas en la Cipressa, como Lobato, pero mientras el noruego se rehízo, el trebujeño se convirtió en pólvora mojada. El problema de Kristoff fue que así como el año pasado a Luca Paolini le sobraban fuerzas, esta vez se le exigió demasiado. Il Gerva tiró en el Poggio y en la Via Roma, recuperada para la ocasión. Fue demasiada exigencia y cuando Paolini dejó a Kristoff, ahí, tan lejos de meta, quedaba un mundo y al noruego el tema se le hizo largo, eterno, tanto que hubo un Degenkolb que le mojó la oreja.

INFO

Una bolsa para que sólo te preocupes de pedalear 

2Organiza y lleva todo lo que necesitas en desplazamientos diarios por la ciudad. Mantén los bolsillos de los pantalones libres para pedalear con más comodidad. Una bolsa de tamaño mayor que te permite llevar tu Tablet, libros, libretas y otros enseres.

Publicidad

1 COMENTARIO

  1. En San Remo sólo hay que enseñar la rueda delantera una vez, en la recta de meta, sobre todo cuando se decide al sprint. Degenkolb lo hizo de maravilla.

Deja un comentario