El himno español, ese fantasma

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Buenos ya lo tiene, su segundo Giro, la sexta grande, una edad que denota mejora y un techo por descubrir. Alberto Contador ha logrado un éxito que por connotaciones poco tiene que ver con las anteriores. No ha jugado en terreno sencillo, su campo, minado de insinuaciones, y un caso por resultado adverso abierto, no ha estado limpio de problemas.
La carrera, de las seis que ya lleva en el cómputo, ha sido la más clara de cuantas ha logrado, comparable al Tour de 2009. Y como en esa cita, el himno se coló como protagonista inédito. En París, aquella tarde de julio le colaron la enseña danesa, como contrariedad del destino, que a este pinteño no para de golpear e incomodad. Resulta complicado saber qué es más complicado, abordad a los rivales en la carretera o encajar un himno extraño cuando focos, miradas y complicidades se concentran en tu persona en el podio.
Hoy le ha tocado lidiar con el himno español, sí, pero con letra, la misma del franquismo, realmente bochornoso. La melodía más española sigue siendo vapuleada por los foros internacionales como cuando en la David jugaba en terreno austral se entonó la música republicana.
De cualquier de las maneras, el ciclismo español demostró en Italia el por qué de su edad de oro. Seis etapas ganadas no es un balance habitual para los nuestros, pero desde luego demuestran un crisol de posibilidades inusitado. Dos buenos velocistas, aunque no los mejores, Ángel Vicioso y Fran Ventoso abrieron el canal. Luego las victorias de Alberto que apuntalaron su éxito final y las dos de Euskaltel logradas en jornadas reamente infernales.
No estuvo en el tono esperado Joaquim Rodríguez, quien quizá llegó algo corto perdiendo un fuelle en la general que le sobró en los instantes finales, justo cuando la remontada hacia el podio era imposible.
Consumado el Giro, pensamos en el Tour. ¿Será con Contador?

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