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El homenaje comunista de Alexander Vinokourov

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El homenaje comunista de Alexander Vinokourov

Endura LDB Di17
Cambrils ZC, Gran fondo

Admiración fue la palabra que siempre definió mi parecer por Alexander Vinokourov. El kazajo fue el ciclista que situó este inhóspito lugar llamando Kazajistán en el mapa ciclista. Destacó joven y su trayectoria no estuvo exenta de sospechas que al final se hicieron realidad. Emergió con el Casino, en el tiempo de apellidos sórdidos como Elli o Massi. Luego se hizo estrella en el T Mobile que mermado por los escándalos acabó por dejar el patrocinio ciclista. Pasó efímeramente por el Liberty, donde casi ni pudo ejercer por la Operación Puerto, y para formar lo que hoy sigue siendo Astana. Fue curioso, despotricó de Manolo Saiz por no poder competir en el Tour de 2006 y al año reventó los controles antidopaje con uno de los positivos más escandalosos en ese Tour para olvidar.

Cambrils ZC, Gran fondo

Todo esto está en el debe de Vinokourov. Pero también hubo una parte que nos gustó, un carácter indómito en la carretera. Fue un ciclista que buscó el resquicio para retratar a los rivales. Atacó hasta la extenuación en el Tour del centenario, hace diez años, y se aupó al podio. Ganó de azul celeste en los mismos Campos Elíseos, siendo el último ciclista que rompió el cerco de un sprint, de eso han pasado ocho años. Tiene su gran vuelta en la Vuelta de 2006, en la que impuso criterio ante los desastres tácticos de Alejandro Valverde. Su carrera se mina de muchos triunfos de rompe y rasga, dejando al pelotón plantado cuando la llegada masiva se sondeaba como única opción.

Vinokourov fue Vinokourov hasta sus últimos días de profesional, como cuando dio un golpe magistral en Londres. Llegaba entonces de recuperarse de una caída limite en el Tour de hacía un año. Demostró tener siete vidas. Fue casi felino en ese aspecto.

Las hazañas recién relatadas pesaron mucho más que las sombras de su perfil en el balance estatal de Vinokourov. El ciclismo sigue siendo un deporte de potencial en Kazajistán. Astana, su capital, da nombre a uno de los mejores equipos del mundo, alberga un velódromo de última generación, que ya ha sido sede de la Copa del Mundo y la base de ese país presenta mimbres para más proyectos.

En estas que crece y crece un equipo con el nada llamativo nombre de “Vino4ever, una especie de proclama de carrera electoral pero metida a equipo ciclista de categoría continental. Sí, Vino es por Vinokourov y el rubio kazajo recupera los esplendores del busto y efigie comunista en la parte noble de las ciudades para perpetuarse también como nombre de un equipo. En un país que vivió bajo el signo de la hoz y el martillo tantos años es como volver al pasado. A un servidor le recuerda a nombres como Stalingrado o Leningrado, nomenclaturas que llevaban implícito el nombre artístico de los dos faros del comunismo internacional.

Equipos que incorporaran el nombre de su mentor ha habido, pero nada comparable a este esbozo. Vinokourov es una deidad en estas estepas, al contrario del acoso que ha derribado a Lance Armstrong, hace y deshace y le da a su país un tercer equipo en el registro UCI con este curioso nombre se hace continental.

“Esto nos pilla lejos”, pensarán algunos. No se extrañen en occidente somos más discretos, pero en el fondo todos acabamos pecando de lo mismo. Vino no disimula, allí no lo necesita.

Foto tomada de Vino4ever

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