¿El líder hace al equipo o viceversa?

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Ésta es una entrada que nace desde la incertidumbre y redunda en alguna ya aquí reflejada respecto a la importancia o no de tener equipos potentes en el ciclismo moderno. La cifrada incertidumbre de la primera valoración viene ejercida desde la insalubridad de un proceso como el de Alberto Contador, que al parecer entra en su recta final, pero sin desenlace claro aún. Con el fallo sobre su “affaire chuletón” en el aire, todo este entramado de letras, que no de tinta, puede venirse abajo por mera cuestión física ante la imposibilidad de poder ver al pinteño en ruta si su sentencia no es favorable.
Situándonos en la opción viable para los intereses del madrileño, es decir en una resolución favorable, a  nadie se le escapa que su guardia pretoriana, como se le ha gustado llamar en algún artículo, no parece del tamaño y dimensión que el mejor ciclista de los últimos tiempos requiere. A Contador, salvo el fichaje de Sergio Paulinho –hijo pródigo y portugués- no parecen haberle hecho lo que se dice un equipazo en función de sus intereses, que no son otros que el cuarto Tour, escalón donde ahora mismo nadie pasea.
Sin embargo, una pregunta subyace ante esta disposición del equipo dirigido por un excelente chófer llamado Bjarne Rijs. ¿Es realmente  necesario un equipazo en el ciclismo moderno?, no lo acabamos de tener claro, no al menos en las últimas temporadas. Con excepción del Liquigas en el Giro 10 no vemos que los equipos tengan el peso que otrora –era Armstrong- transmitían.
Quizá para el año que viene sean tres las estructuras de referencia, cómo no de habla inglesa. A saber BMC, Sky y Radio Shack. Tres trasatlánticos, sí, pero con grietas y no propias, sino de la concepción del propio ciclismo contemporáneo, tan medidor él, tan rácano. Si descontamos la acción brillante de Andy Schlecken el Izoard, apoyado por Maxime Monfort y Joost Posthuma por delante, ¿cuántas embestidas de tal magnitud hemos visto recientemente para entender que  un equipo es pieza clave? inexistentes, más cuando el tejido de alianzas sobrevenidas desde las propias emisoras y ventanillas es rico en cruces y acuerdos. Para más inri no se prevén cronos colectivas de peso.
Valoremos por ejemplo la labor del BMC en el último Tour. Evans corrió solo en momentos clave. En el Galibier emprendió en solitario la caza de Andy, pero antes sus pocos efectivos se declararon incapaces de recudir las rentas del luxemburgués. ¿Fue clave el BMC por tanto para el éxito de Evans?, ¿lo fue el Astana un año antes para el propio Contador?. Sí que resultó clave el grupo que le acompañó en 2009, pero aquello no fue un equipo, era un rodillo, a imagen de los mejores años de US Postal, un conjunto que pudo, de no mediar el ataque de Contador en la Colombiere haber hecho primero, tercero y cuarto. Gregarios que andan como líderes.
Incluso proferir escuadras con dos, tres o cuatro aspirantes puede conllevar confusiones en la elección de la baza ganadora. No nos engañemos, a Juanjo Cobo le vino Dios a ver el día que en Sky se encabezonaron en que el hombre para la Vuelta era Wiggins y no Froome. Si en Angliru es miopía no hubiese sido tal, el desenlace quizá fuera otro.
A la espera de que se falle sobre Contador, con mejor tacto, tino y sentido de la ecuanimidad que sobre  Mosquera, la percepción es que a pesar de todo, equipo, lo que se dice equipo, aunque necesario, no parece el elemento clave en erigir a los nuevos campeones.
Si te ha gustado, que espero que sí, algo al menos, dale a alguna de esas pestañas de divertido, interesante,… 

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