El maillot de campeón de España, ventaja o inconveniente en “chez Unzué”

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Los Campeonatos de España de Castellón cerraron hace 24 horas el telón y lo que tendría que ser un arranque de semana que desemboca en el arranque del Tour, se ha convertido en un lunes de dulce resaca de la cita levantina. Qué quieren que les diga, que me encantó el ambiente vía twitter que se generó en torno al hagstag #CEC11 capitaneado por el jefe de ruta Luis Román, y los chavales que llevan tiempo demostrando que la madera en el periodismo ciclista existe.
Que en los tiempos que corren, donde el desamparo de los mortales parece más generalizado que nunca, que una competición de ámbito doméstico alcance tales cuotas hablen bien a las claras de las ganas que tiene el colectivo de tirar hacia delante, de hacer borrón y ver que nuevas tenemos por delante. Ojalá cunda el ejemplo.
La realidad sin embargo es tozuda y un tema no me acaba de convencer, y no es otro que el trato que la estructura dirigida por Eusebio Unzué le dispense a la enseña de campeón que José Joaquin Rojas lucirá los próximos doce meses. No es este team Movistar, antaño Banesto, Illes Balears y Caisse d´ Epargne, una escuadra que irradie como merezca tal logro a pesar de ser de largo el mejor equipo español, por lo que vemos años tras año en los nacionales.
Aquella moda acuñada por Miquel Indurain con aquellos brazaletes rojigualdas hace nada menos que 19 años fue transmitida generación tras generación en lo que ha sido en mi opinión una injusta negación de los valores que le significan al corredor correr con los colores de su país, sabiamente combinados con la señalística propia de los maillots. Joaquim Rodríguez me confesó sentirse enormemente alagado por haber lucido tales colores durante un año haciéndose omnipresente en grandes citas, perfectamente señalado y muy querido por el ideario de los aficionados. Luisle hizo propio lucimiento en las cronos de tal prenda.
El catalán y murciano fueron rarezas en medio de una ristra de maillots disimulados como el de Alejandro Valverde e Iván Gutiérrez en tiempos recientes, y los del Chava, Montoya y Mancebo, años antes. Aún recuerdo la satisfacción de Mancebo aquella maratoniana etapa del Tour por la Auvernia que ganó Virenque cuando le dejaron correr con el maillot íntegramente rojigualda.
En cinco días, apreciaremos si hay cambios, aunque nada hace pensar que Rojas vista una prenda diferente a la de Guti. Lo veremos. 

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