El maillot que no quiere Bradley Wiggins

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Las cosas de la vida, en su recta final Brad Wiggins se gana el cariño y reconocimiento generalizados que no tuvo de la gente del ciclismo en sus días dorados. Mientras el pelotón luchó por mantenerse en vertical entre las ventoleras de Qatar, una de las imágenes más divulgadas del arábigo evento fue la Wiggins enjutado en su maillot arco iris a los mandos de una bicicleta de carrera mil veces divulgada disputando la crono de la vuelta qatarí, la primera del serial de carreras que pasarán por los adoquines antes de dejar la carretera e irse a las superficies más lisas y agradecidas, como la madera de un velódromo.

No ganó, ni le hizo falta. Su inoperable estampa corrió de perfil en perfil de Twitter hasta hacerse posiblemente celebérria. Hay consenso en que estamos en los últimos días de uno de los ciclistas más particulares de la historia. Ganó el Tour viniendo de la pista y con la sensación de que su segundo en la nave, Chris Froome, con quien dicen no se relaciona, era mejor. Luego fue por cuarta vez campeón olímpico y desapareció del mapa para dar gotas, pequeñas esquirlas de su esencia, que a día de hoy embriaga.

Pero no siempre la vida sonrió a esta auténtica celebrity en UK. Hubo un tiempo que Wiggins caminó anónimo y ajeno a la expectación que a veces tanto le abruma. Wiggins lleva muchos años en esto, pero su descubrimiento en sociedad no fue hasta 2009, cuando a las órndes de Vaughters y al cariño de Dave Millar, casi pisó el podio. Se lo impidió Lance Armstrong, de quien no sabemos si sigue siendo titular de esa plaza en el podio.

Dos años antes, no obstante, Wiggins ya estaba en el Tour. Lo corrió de rojo, rojo Cofidis. Ese Tour, el de 2007, fue especial en muchas facetas para el inglés nacido en Gante. La salida del mismo se hizo en un histórico prologo celebrado por el corazón de Londres. Ya saben, salida desde cerca de Trafalgar, paso por The Mall, Buckingham Palace, Hyde Park y vuelta. Un recorrido típico en el cuaderno de un turista, pero hecho a la velocidad de la luz de uno en uno por un pelotón de ciclistas.

Wiggo, entonces ya campeón olímpico en Atenas, quemó días con cierto desaire hasta que se escapó justo la jornada del cumpleaños de su mujer y el aniversario de la muerte de Tom Simpson en el Ventoux. Manda cojones, valientes coincidencias.

Pero el peor trago el estaba por venir. Con grilletes en las muñecas y acompañado por dos gendarmes, abandonó la carrera desde la misma cima del Aubisque, en la que se conoció que su compañero, y afable amigo, Christian Moreni había dado positivo. En esa época ya saben qué pasaba si alguien pitaba, detrás iba todo el equipo. Aquella fue una experiencia tan traumática para el inglés que se declara en guerra abierta contra el dopaje e incluso puso a la venta en Ebay su kit de Cofidis de esa época. Aquí lo tienen, mírenlo, desconozco si es el original, pero el nombre de Wiggins sale bien impreso en la mochila. A diferencia de ese arco iris de Qatar, Wiggo nunca quiso volver a ponerse esa ropa.

Foto tomada de www.zimbio.com

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