El maravilloso y rosáceo mundo de Ivan Basso

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No cabe duda de que twitter y redes 2.0 son excelentes herramientas para impresionar de primera mano las sensaciones de los principales actores del pelotón. Una forma de moldear de primera mano, y rara vez con intermediarios, las aptitudes del atleta suponiéndole con voluntad de querer explicar sus cosas, chismes, sensaciones e incluso entrenamientos.

Camino no se sabe dónde
Twitter es un termómetro del estado del personal. Éste hirvió cuando el desaprensivo de Riccardo Ricco la lió por enésima vez y se derritió en sentimiento con las pérdidas de Xavier Tondo y Wouter Weyland, demasiado cerca una de otra. Ciclistas que fotografíen su espíritu en 140 caracteres con ciencia matemática no hay muchos, algunos de una manera, otros a la suya, difieren en argumentos paralelos las crónicas de la prensa de toda la vida, aquella que sin ser tan vertical como antes, no sugiere la horizontalidad de las redes.
De todos los ciclistas Ivan Basso es alguna vez diana de nuestras pequeñas mofas en la red. Y no por que el buen ciclista transalpino sea foco de nuestras fobias, al contrario, él genera esa forma de piropear una forma de hacer cuanto menos ingenua, poco habitual en este mundo, el ciclista, que por cierto a él no le ha tratado siempre con delicadeza. Ivan quiere ver “el mundo con los ojos de un niño” repite frecuentemente.
Con Ivan tenemos ese compañero perenne que diariamente nos da los buenos días y nos desea felices sueños. Con Ivan apreciamos lo bucólico de las estampas familiares del ciclista en el retiro del guerrero en la nieve. De él leemos obviedades, tópicos, tonterías… clavadas en el TL de sus más de 120.000 followers. 
De su stage tinerfeño hemos comprobado pinceladas de sus entrenamientos pero sobretodo bonitas siluetas del Teide y poco más que llevarnos a la boca. El 6 de abril por ejemplo entrenó seis horas con compañeros y lluvia, “un gran placer” explicó con ese tono alejado, casi evanescente que transmite. También sabemos que su hijo Santiago es milanista. Cada mañana en competición, detalla la etapa, salida y llegada más kilometraje y sí telegrafía el parte meteorológico. 
Perogrulladas, vamos. Una versión edulcorada de un ciclista que sí, digámoslo con franqueza, nunca más ha sido ese corredor de excelente factura que fue antes de explotar la OP en 2006. De mejor situado a suceder a Armstrong a caer en el tercer orden de favoritos al Tour, sin transmitir la pegada de  2005 y 2006. Sea como fuere su figura puede resultar más trascendente de lo que en un principio podemos prever pues en su quehacer el ciclismo italiano ha encontrado el respiro inter generacional que sin él podría haber generado en auténtico colapso. A la espera de que los bambinos lleven a buen puerto sus promesas, Basso, principalmente él, y Damiano Cunego mantienen con constantes vitales este ciclismo transalpino tan venido a menos en los últimos diez años.  
Foto tomada del twitter de Ivan Basso

1 COMENTARIO

  1. Hay que ver de las cosas que me entero leyendo tus posts. Eres una pasada escribiendo.De ahora en adelante tendré aún más cuidado con lo que escribo en el twitter, nunca sabe una quien lo está leyendo.

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