El método Garmin

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Muchas veces ocurre que nos olvidamos que el deporte es cosa de varios. Sí. Recordemos la semana de la París-Niza simultaneada con la Tirreno. Aquello fue un baño de pesimismo frente a lo que se presumía un paseo militar de meses para el Team Sky. Richie Porte se anotaba con solidez la carrera del sol mientras Chris Froome atenazaba la prueba delos dos mares. A lo rocoso de sus líderes se unían las hechuras del equipo. Sin embargo hubo una sima, una pequeña brecha en la penúltima etapa de la Tirreno, la encontró Nibali y la explotó hasta la extenuación de los hombres de negro.

En la Volta a Catalunya que acaba de concluir tenemos otro botón. Mientras Froome y Porte se repartían las mieles del Criterium Internacional, en tierras catalanas a Sky se le ha adivinado otra tara. En la  jornada reina los Garmin buscaron el todo por el todo y, oh sorpresa, encontraron el premio. Terrible. Sencillamente demoledor. Los compañeros de Brad Wiggins no pudieron contener un ataque tan de lejos, tan a saco. Dos formas de entender un ciclismo. Se impuso la menos lógica, la menos analítica. No cabe duda de que torres más altas cayeron.

El Garmin-Sharp es un equipo de la clase media-alta del pelotón que convive entre la culpa pasada y el pregón de un presente limpio y un futuro cristalino. Claro, arrepentidos los quiere Dios. Eso sin embargo, en los matices de la lucha contra el dopaje, no cabe en la concepción del Sky. Mientras que para los ingleses todo aquel que presente una tacha de dopaje es un proscrito, Garmin quiere abrir las puertas de la reinserción a aquellos que presenten “sincero” arrepentimiento.

Son formas de verlo. Jonathan Vaughters, siempre en el fino alambre del equilibrista sin red, defiende las tesis del perdón por que él se vio inmerso en la podredumbre que corroe las estructuras. Sin embargo, ¿sería tan ligero en sus juicios si no hubiera sucumbido? De cualquiera de las maneras, no hay mejor que hacer caja con una historia de tan jugosa sustancia.

Si no que se lo pregunten a David Millar en su media confesión plasmada en un libro que va por su cuarta edición y llena estúpidas editoriales y columnas de opinión. Al público anglosajón, a pesar de la intolerancia integrista del Sky, le encanta el arrepentimiento. Millar adoptó ese perfil. Le está valiendo una segunda oportunidad, la misma que le niegan a otros muchos que no hablan su “chic” inglés, y al tiempo una opción de ingresos “no ordinarios” en forma de autoría editorial. Perfecto. Negocio redondo. Bien visto David.

Y mientras sigue el camino de Ryder Hesjedal hacia la defensa de su título en el Giro de Italia. En la jornada reina de esa carrera llamada Volta le vimos por fin en las lides de campeón, como no le apreciábamos desde junio pasado. Hesjedal es un corredor que no es una persona, es una bandera, un lema, una proclama por un ciclismo limpio. Paradójico. Ganó una gran vuelta casi al mismo tiempo que su compañero Millar dijo que era imposible ganarla siendo trigo limpio. El método Garmin. Ya ven, también presenta grietas.

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