El monumento colombiano

0
56
vistas

Hay un ciclismo que no caduca. Puede pasar por momentos altos y otros menos lúcidos. Es un ciclismo de pizarra, de ingenio pero sobretodo de valientes y héroes. Es el ciclismo que llaman de monumentos, esas carreras que son singulares, como el patrimonio mundial al arte: exclusivos, prestigiosos y viejos, muy viejos, tanto que estos inventaron el ciclismo y éste nació con ellos.

Lombardía es, cronológicamente, el quinto monumento, lo es cronológicamente y quizá emocionalmente. Monumento en ciclismo es casi siempre primavera, la tierra lombarda, fértil, fabril y activa, se desconecta de sus hermanas, con muchos meses de por medio, emociones quemadas y el ánimo pidiendo descanso.

Pero estas tierras, en el zaguán del otoño presentan el atractivo del primer frío, del cambio de estación. Son tierras, lomas que mudan. Paredes vedes mechadas de incipiente marrón que anuncia las “hojas muertas”, las que cada año ponen la alfombra al que gana una de las grandes por derecho propio, una de las citas con nombre y apellidos en este ciclismo de pies de barro que experimenta aquí y allí, pero que siempre encuentra el arraigo allí donde estuvo desde un principio.

No eran tiempos fáciles para Lombardía. Hubo alguna edición que se resolvió en el tedio. Un monumento que se precie implica dureza, extremos y un peloton que no es pelotón, si no un reguero de ciclistas separados, de dos en dos, de tres en tres, rotos por el quebranto de una tierra que deja sentir el escalofrío de las primeras noches de olor invernal.

Lombardía recuperó el año pasado el aliento de su grandeza, vestida por el mejor Nibali en mucho tiempo, y en esta ocasión volvió a dar la talla porque en el camino dispuso el recorrido a la inversa, de Como a Bergamo, y los corredores necesarios para que esto fuera CICLISMO con mayúsculas.

Cuando a unos treinta kilómetros de meta el ciclista ganador que es Esteban Chaves abrió la caja de los petardos, pocos tuvimos duda de que aquello no iba a parar. Primero porque en el umbral de los 200 kilómetros, las piernas caen por su propio peso y segundo porque hay veces que la carrera pone delante los nombres que se merecen la gloria y en esta ocasión un trío auspiciado por Chaves y completado por Romain Bardet y Rigoberto Uran sólo podía llegar a meta solos.

Diego Rosa, el incansable “trotón” que yo creo que Sky ató el día que sobrevoló Arrate, se sumó al festival y ahí sólo hubo ciclismo sin disimulos. La especulación quedó en otro lado, la grandeza hizo apuración y la calidad se empezó a imponer. Ganó Chaves que le da, con más de un siglo de historia de este deporte, el primer monumento a Colombia. Como digo ganó Chaves, como podrían haberlo hecho sus compañeros, pero qué queréis que os diga este “Chavito” tiene “don” y cuando todos se declaran rotos por el esfuerzo, él saca algo que le da lo que busca: la etapa de Corvara en el Giro, el podio en la Vuelta,…

Menos mal que nos queda Lombardía, menos mal que tuvimos Emilia, Milán-Turin, incluso Gran Piamonte, en este fin de fiesta en un país donde organizar ciclismo parece gratis. Menos mal, incluso que tuvimos Juegos y carreras en Canadá, porque mucho me temo que este año, los Mundiales nos los robaron los petrodólares que todo lo pueden.

Imagen tomada del FB de Il Lombardia

INFO

Endura presenta su nuevo culotte largo Pro SL, con la revolucionaria tecnología de tres anchos de badana elegida por Movistar Team

Publicidad

Deja un comentario