El otoño de Fabian Cancellara

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La hermosa ciudad de Berna es un alargado entramado medieval que se encaja en un profundo meandro que redondea la parte más baja de la urbe. Intacta por los siglos, Berna es un perfil precioso, integrado en la incipiente naturaleza alpina que la rodea, homogéneo y salpicado de alfileres que son chapiteles de torres, relojes e iglesias.

En Berna tienen uno de los mejores ciclistas de la historia reciente. Un ciclista que atisba el perfil bernés desde su casa, acantonada al otro lado del río, transparente, hecha para ver la belleza de las manos medievales. Fabian Cancellara ha amasado durante largos años de éxitos y victorias para hacerse este remanso, cerca pero lejos de la ciudad. cerca pero lejos del mundo.

Cancellara observará estos días como la vegetación del lugar mudará. De verde intenso, casi aplastante, a mechas de marrón en el vientre de la montaña. Es el otoño que llama a la puerta y es el otoño el que parece llama también al patio del gigante ciclista de Berna.

Ya son un par de años en que la llama de Fabian parece que se apaga. Un ciclista total, que llegó a postular al Tour, en las más disparatadas apuestas, que va camino de completar su “annus horribilis”, uno de esos que a ciertas edades invitan a pensar qué hacer con el futuro cuando todo aquello que siempre te había ido tan bien, ya no resulta.

2015 puede ser el otoño de Cancellara, quien duró un poco más que Nibali en la Vuelta a España, teniendo que abandonar presa de una infección estomacal. Un mes escaso antes tuvo que dejar el Tour, vestido de amarillo, víctima de la terrible caída que sacudió el pelotón camino de Huy. Meses antes, dejó a medias E3 Harelbeke, dolorido por otra caída. Un año para olvidar, que además fue blanco el día que la Tirreno abordó el Terminillo y acabó echando pestes de las organizaciones que buscan en lo extremo el espectáculo.

Hace mucho que Cancellara no gana cosas grandes, importantes, a su medida de leyenda. Flandes 2014, una explosión de ciclismo y emoción, fue quizá su ultima gran gesta. Desde entonces, como su antagonista Tom Boonen, que habla también de la retirada sin rubor, no le sale nada bien.

Fuerte, duro, masculino, Cancellara apostaba siempre a ganar en las cronos, en las clásicas, en las etapas en las que a los velocistas les faltaba algo. Pero los años pasan, el desgaste es obvio, y los rivales llegan, paulatinamente y te hacen sombra. Llegan imperceptibles, como el otoño a las montañas bernesas. Es la vida, ni el terrible Fabian escapa a su ciclo.

Imagen tomada de www.velominati,com

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