El palo a Contador despierta los más bajos instintos patrios

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Esta semana se está haciendo muy larga. La noticia que saltó el lunes a mediodía abrió una caja de pandora de diferentes aristas que amenaza con despistarnos  de lo realmente importante.

Lo que era un secreto a voces toma forma de constatación. Hablemos claro, más allá de los Pirineos, la marca deportiva “España” chirría, y en ciclismo más. Un sondeo entre periodistas, managers y demás es inequívoco. No valoramos que sea cierta o no esa impresión, sencillamente nos sobrepasa tal juicio. ¿Por qué? Porque ninguno de nosotros está en la intimidad del deportista, ni entre sus acólitos, si quiera en su entorno medio. Valoramos y luego sentenciamos sumidos en el mayor desconocimiento y ello genera situaciones como las que estamos viviendo estos días.
Sutilezas para que os quiero
Al parecer en Canal + Francia le ha pillado gusto a meter mierda sobre el deporte español. Jeringas, orines, tacos patrios,… aderezados con dosis de mal gusto: “Lo único no dopado el España es su economía” ignorando el drama de muchas personas. Realmente, nos debe resbalar lo que digan más allá del macizo pirenaico en todo aquello que tenga que ver con la sátira y escarnio. En España, nuestro humor no se distingue por sutilezas muy diferentes.
Más preocupante resulta lo que ocurre en la península que no es poco. El palo venido del TAS ha disparado costumbres ancestrales como aquello de “leña al francés” que se instaló en la guerra de la independencia en circunstancias trágicas para el país. No lo olvidemos, el deporte no es trascendente.
La ajetreada historia de vecindad de ambos países goza ahora de un nuevo capítulo, éste 2.0, con un flashazo transversal sobre lo mejor y más granado de la maquinaria mediática de España. Cuando en Gran Hermano o en el Hormiguero se habla de Alberto Contador malo, malo, malo. Y se ha hecho, oyendo en boca de quienes creemos inteligentes barbaries contra el vecino del norte. En redes sociales mejor no arrimar el morro.
Obviamos la nota de uno de los doctores más reputados en Francia sobre lo desproporcionado de la sanción, así como el descredito arrojado sobre Jan Ullrich, siete años después, sancionado no sé a qué, quizá a no ir a buscar el pan en bicicleta. También omitimos como comentó Antonio Alix en twitter que en Noruega se nos considera el país con mayor afinidad en el dopaje, superando a estados cuyo tufo se palma a distancia, dígase China o Rusia.
Contrariamente a lo previsible, hay una corriente minoritaria en esta historia. Un hilo de vida más allá de la carnicería que estamos presenciando. La gente del ciclismo, el aficionado fiel, el de verdad, lo ve con otros ojos. Valora las pruebas, las circunstancias, objetiviza,… incluso en momentos duros para quienes estiman este deporte. Darse una vuelta por Parlamento Ciclista, donde también hay una buena liada sirve para corroborar tal percepción.  Bien por la parroquia más fiel.
En resumen, ¿qué hacemos para justificarnos? Patada adelante y tentetieso. ¿Es la mejor estrategia? Parece que no.

Como complemento os dejo este artículo publicado por un servidor en la web mejicana www.labicicleta.org

España quiere creer a Contador


España vive desde hace unos años un momento dulce en el deporte. Un movimiento surgido desde hace veinte años, con motivo de los Juegos Olímpicos de Barcelona, que pasado este tiempo camina con paso firme en diferentes frentes. Ello, se sospecha, levanta suspicacias en el entorno y se agudiza en el caso del ciclismo. En este deporte España ha amasado las mejores carreras del mundo, sobre todo desde la primera retirada de Lance Armstrong en 2005. Las emisiones de Canal + Francia los días posteriores aludiendo mediante jeringuillas algunas de las personalidades nacionales como Pau Gasol, Rafa Nadal o Iker Casillas, ha avivado si cabe los ánimos de tal manera que dichas emisiones quizá hayan sido visionadas más en España que en país de origen.
Volviendo al principio, tal ejercicio de dominio ha levantado ampollas, y parte de la culpa de tal evento surge con la famosa Operación Puerto, una ejercutoria policial desdichada que sesgó la trayectoria de los dos mejores ciclistas del momento, Jan Ullrich -ahora también sancionado- e Ivan Basso, sin casi rozar a las grandes figuras españolas por mucho que los pseudónimos utilizados para descubrir a los citados no valieran para dar con otros nombres, por cierto no todos de ciclismo se dijo en un primer momento. Ello fue óbice para que desde diferentes países se sembrara la sospecha sobre las grandes bazas del ciclismo español. Fruto de aquellos pagos emergió la sanción a Alejandro Valverde y ahora a Alberto Contador.
La gota que ha colmado el vaso ha sido precisamente este último extremo. El fallo adverso para Contador ha alzado grandes emblemas de la cultura ancestral hispana, como adversaron a todo lo francés y la envidia que se dice se nos tiene desde fuera. La repercusión ha sido transversal, a la divagación propia de la prensa deportiva, acentuando los errores y nos las evidencias que pesaban sobre el corredor, se ha unido una campaña que ha hilado programas y emisiones de muy diverso pelaje, algunos totalmente ajenos al mundo del deporte y de consumo masivo.
El matiz  de una intencionalidad no probada de dopaje ha sido el más manoseado por la opinión pública sin reparar que un ente como el TAS ejecuta según el hecho probado y no sobre la intencionalidad o no. En este caso el hecho probado es el clembuterol en el cuerpo para desgracia de Contador. Y es que el madrileño, el mejor ciclista de su generación, llevaba tiempo en el disparadero con diferentes relaciones tenidas por sospechosas desde el extranjero. Sus inicios con Manolo Saiz, la convivencia con Lance Armstrong, la pertenencia a un grupo controvertido como Astana, el fichaje por Rijs,… todo hizo indicar que Contador estaba siempre en el sitio equivocado en el momento inoportuno, por eso esta sanción era más que temible.
Para el ciclista no obstante queda un doble sabor, uno el de la total presunción de inocencia que le otorga gran parte de la opinión pública española y el otro el de perder todo lo ganado desde que surgiera su caso en septiembre de 2010, algo por otro lado comprensible. A pesar de haber anunciado querer ir hasta el final, seguramente, y vistas las casi nulas opciones de alargar el tema, el corredor piense ya en su regreso dentro de seis meses en vez de enfangarse en más líos jurídicos.
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