El peso de los años en el ciclismo (I)

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Se ha de decir a propósito del progreso que las carreteras de hoy se han adecentado de tal manera que la acción selectiva entre los participantes de  cualquier competición ciclista queda en parte bastante difusa. El que un corredor apueste por una fuga en solitario, y más si se trata de un ciclista cotizado, se hace más que difícil ante el dominio estricto ejercido por los grandes equipos, que se dedican a controlar la situación en condiciones extremas en el seno del gran pelotón, con la responsabilidad y objetivo de resguardar y proteger a su capitán. Bajo esta imposición resulta un hecho el  que no siempre el que gana en tal o cual carrera es el que más merecimientos ha cosechado para alcanzar el laurel victorioso.

El factor suerte, muchas veces, juega un papel preponderante. Los hombres de más prestigio o favoritos, todos lo sabemos, están sometidos a un estrecho marcaje. Además, existen a lo dicho diversos otros factores que han contribuido en gran manera a prevalecer en el ciclismo moderno de hoy. La mecánica, la preparación física y la alimentación han equilibrado enormemente el potencial de los mismos ciclistas. En la actualidad deportiva los segundos de tiempo priman más que los minutos. Eso es así y no hay otro cantar tan distante de lo que fue el ciclismo de las otras épocas.

Las incertidumbres de hoy

cabe reconocer la influencia negativa que ha tenido sobre el ciclismo las fluctuaciones económicas que se viven por doquier en nuestro globo terráqueo. Unas naciones lo acusan en más y otras en menos. Otro inconveniente grave ha sido también los casos de dopaje que han ido salpicando con cierta constancia al ciclismo, un factor engorroso que ha levantado nubes de sospecha y de incertidumbre no solamente en el seno del pelotón ciclista, sino también en los ámbitos de los mismos aficionados y de los que no lo son tanto.

La prensa sensacionalista ha colaborado también negativamente ante esta acuciante lacra. Las casas comerciales poco a poco han ido perdiendo su confianza a favor del deporte de la bicicleta. Han preferido huir hacia otros derroteros más asumibles, con otra clase de ventajas y con menos riesgos económicos. Con dinero se han salvado y se salvan muchas cosas por injustas que sean a los ojos de las gentes.

Los autómatas de la carretera

El ciclismo de hoy tiene una dinámica diferente. En el momento presente los corredores se dejan guiar casi a ciegas por el dictado que emana por parte del director técnico o bien por obra de otras personas con atribuciones de mando. Los protagonistas, los que le dan en verdad a los pedales, tienen una misión determinada a realizar, tanto el corredor que ejerce de capitán como los denominados peones de brega o los vulgarmente apelados gregarios, una denominación inventada por los “tifosi” italianos, oficio a todas luces oscuro que no conoce las loas de la popularidad, ni los aplausos de unas multitudes enfervorizadas alrededor de los ídolos del pedal.

Los responsables más directos de la escuadra, acomodados en su coche oficial seguidor, transmiten las órdenes concisas a través de estos artilugios funestos llamados pinganillos, auriculares adosados a las orejas. Con estos antecedentes me pregunto: ¿Dónde quedaron las iniciativas propias de cualquier atleta del pedal que sintiera en su fuero interno la necesidad de atacar? Tenemos la sensación de que cada corredor hoy en día desempeña una misión  determinada que está bastante de acuerdo con la función simple de un autómata. No necesita pensar, dado que los movimientos del ciclista son accionados a distancia por la voz de un técnico responsable que tiene el poder de ejecución.

No descubrimos nada nuevo si confirmamos aquí que las temporadas acumulan acontecimientos a base de intermitencias, de estrellas fugaces. Esto de pedirles a ciertos hombres ilustres que se mantengan más o menos en primera línea del principio al fin de la temporada rutera; es decir, desde los albores del mes de febrero hasta finales de octubre, es solicitarles casi lo imposible. Hay en el alero demasiados kilómetros y demasiadas competiciones encerradas en el calendario actual internacional de carretera. Cada cual se decanta por lo que le interesa ganar o por lo que no le interesa arrimar el hombro. Todo se desenvuelve estrictamente bajo un programa preestablecido que hay que cumplir a toda costa.

Por  Gerardo  Fuster

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