¿El puerto más duro de Europa?

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Suena que Canarias puede volver muchos años después a la Vuelta a España y para el regreso del archipiélago, el Pico de las Nieves en Gran Canaria es candidato a acoger final de etapa. Aunque nunca he estado en las isas afortunadas, he oído mucho de esa subida, mi amigo Jordi Escursell cada año baja a la cicloturista del lugar para grabar imágenes y no pocas veces me ha hablado de la dureza de la misma. Además otro buen colaborador de este mal anillado cuaderno, Jordi Escrihuela, ha hecho una reflexión desde su flaca, sufriendo y padeciendo este tremendo puerto y explicándonos lo que sigue.

No seré yo quien lo desmitifique, pero tampoco apostaría por su exclusiva dureza continental. El Pico de las Nieves por su vertiente de La Pasadilla, es toda una pesadilla, de una dureza extrema, 23 kilómetros de revirada y tortuosa carretera que asciende hasta lo más alto de la isla de Gran Canaria haciendo las delicias de los grandes escaladores… y de los grandes sufridores que disfrutan grimpando puertos imposibles, como es mi caso. Aquí hay que venir entrenado para afrontar sus diabólicas rampas, sino una dulce tortura puede convertirse en todo un largo camino al infierno, pero si conseguís someterlo tocaréis el cielo, a casi 2000 m de altitud.

El Pico de las Nieves tiene tres tramos bien diferentes. Los 6 primeros kilómetros no son duros y se puede dar bastante caña y ganar mucho tiempo. En esta parte, y para no atufarme, sabiendo lo que venía después, no pasé de 140 pulsaciones. Muy tranquilo. Los participantes que en su inmensa mayoría eran “repetidores” y que casi todos lo conocían prácticamente menos yo, aquí arrancaron como motos, quedándome con un reducido grupo al que fui dejando poco a poco y acercándome a otros, pero yo decliné seguir rueda ninguna. A mi rollo.

La segunda parte es la más dura y espectacular, una tremenda cuesta de 6 kilómetros entre La Pasadilla y Cazadores, un tramo increíble con rampas de hasta el 23% “que se suben a escalones, pero con peldaños muy grandes” (Jonb) que dan paso a brevísimos descansos que haces que afrontes la siguiente bajando un poco las pulsaciones. Así llegas a una revirado giro a la izquierda, donde hay mucha gente que no para de animar, y acabas con el suplicio de esta terrorífica carretera, estrecha y de una pendiente exagerada. Ascendí bien todo este tramo y no recuerdo haberlo pasado demasiado mal. Disfruté como nunca ascendiendo un puerto de los más duros que he subido, pasé el envite y, para lo escalador que soy yo, me pude dar por satisfecho con la subida que hice, disfrutando de las vistas, el paisaje y los compañeros que me iba encontrando por el camino.

Por un pequeño puñado de segundos…

En el tramo final de la escalada, después de aquél desvío a la izquierda, el Pico de las Nieves se “humaniza” con desniveles más normales, descansos e incluso algún descenso a la altura de la espectacular Caldera de los Marteles, antes de coronarlo, con alguna pequeña emboscada y un último kilómetro en bastante mal estado. En esta parte me encontraba fuerte y empecé a bajar piñones, bastante animado a darle caña, pero alguien me dijo que no me emocionara que aún quedaban trampas por el camino. Me podía haber marchado pero seguí con él. Cuando menos me lo esperaba, aquel ritmo bueno que me ofrecieron, aceleró para intentar marcharse. Pillado, por desconocimiento del puerto, aquel demarraje representó tan solo un pequeñísimo puñado de segundos.

Una lástima porque para eso podríamos haber entrado juntos.

Imagen tomada de pedaleandoporcanarias.com

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