El puzle incompleto del Tour de Francia

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Miremos el Tour desde la óptica de Purito. Sí, hablo del Tour recién presentado, aunque ampliamente filtrado días antes. Miremos, como digo, el mapa y los perfiles desde la persona de Purito y comprobaremos que el catalán ve plasmada la carrera de sus sueños en el Tour, en efecto, el Tour, ni en el Giro, ni en la Vuelta, en el Tour de Francia nada menos. Hablamos de esa carrera que conoció ya fuera de las huestes de Unzúe, en cuya edición de 2010 ganó una etapa frente a Contador en Mende. Hablamos también de esa carrera cuyo podio pisó en 2013 tras arrancar mal, sortear los Pirineos discretamente y verse el más fuerte de la prueba, junto a Nairo Quintana, en los Alpes. Hablamos de esa carrera que abordó a contrapié hace tres meses y medio quedándose a las puertas de todo: de la montaña, de una etapa,…

Obviamente Purito no habrá influido en el trazado de este próximo Tour, pero desde luego le han hecho un traje a medida, donde sólo tendrá una piedra en el zapato, la jornada de pavé, porque el resto, hasta la crono inicial, le favorece. De aquí a julio queda mucho, la eternidad, pero ahora mismo la agenda inicial y normal del líder del Katusha queda marcada por la crono de 60 kilómetros en el Giro para que el Tour le parezca más apetecible.

Porque la carrera que se ha presentado en París rompe los moldes hasta el límite más insospechado. Nadie, en su sano juicio, habría apostado sus euros a este trazado, raro y desequilibrado, que omite la crono pero también grandísimas áreas del hexágono y premia a los escaladores y cazadores de sueños. No sabemos si enajenados por el éxito galo en la última edición, si por un efluvio de inconsciencia, heredado de las últimas ediciones de Giro y Vuelta, lo cierto es que el Tour que se pone sobre la mesa es el más atípico desde las últimas generaciones, sólo apuntar nunca tan pocos kilómetros contrarreloj desde hace 70 años.

La carrera partirá de a bella ciudad neerlandesa de Utrecht, en cuyas católicas calles, las más de todos los Países Bajos, se fraguó, curiosamente, un tratado cuyas consecuencias aún nos estamos bebiendo estos días. Miren la crono de Utrecht, saboréenla porque será el único esfuerzo individual que vean en toda la carrera. Luego de la insumisa Holanda, pasaremos a la católica Bélgica, por su lado valón y la llegada a Huy, el supermuro de la Flecha Valona que esta vez entra en el Tour. Al día siguiente, el acceso a Francia se hace hacia Cambrai, el lugar de la liga medieval que arrinconó la república veneciana. A este lugar arrasado por la Primera Guerra Mundial se llegará tras varios trozos de adoquín. Gustó el espectáculo de esta edición y se ha decidido amortizar algún favorito en repetirlo. Dice Riis que ojala no llueva. Si lo hace desde luego podremos divertirnos.

El primer ciclo de la carrera muere en la Bretaña, primero con una llegada a su muro, el lugar donde Cadel Evans demostró cómo esprintar a Alberto Contador, y al día siguiente una inédita crono por equipos que acaba en el alto de Plumelec, ese lugar donde Alejandro Valverde machacó hace siete años. Tras un largo traslado hasta Pau, similar a aquel de 1991 que tuvo la extraña anécdota de Urs Zimmerman yendo en coche y no en avión –un día la contaremos-, nos metemos en Pirineos con un tridente: la Pierre de Saint Martin, en los límites navarros, Caureterets, tras Aspin y Tourmalet, y Plateau de Beille, en un aluvión de nombres y leyendas que nos invaden. Desde Miguel Indurain a Marco Pantani y Lance Armstrong.

El paso hacia los Alpes se hace por la cima Jalabert, otrora llamada Mende, y un sinuoso Macizo Central, algo marginado en las últimas ediciones. El panteón deportivo de Eddy Merckx, Pra-Loup, abrirá la puerta unos Alpes que vienen fuertes, como en los viejos tiempos, primero con llegada a Sant –Jean de Maurienne, con Glandon a cuarenta de meta, luego a Toussuire y finalmente Alpe d´Huez, con Télégraphe y Galibier antes, en un trazado gemelo a la etapa de la inmolación de Contador hace tres años.

Ahí lo tienen. El Tour 2015, una carrera cuyas líneas maestras siguen el camino de Giro y Vuelta, al tiempo que la primera vuelve a incorporar cronos largas y esas cosas. Por de pronto Chris Froome ha soltado que ve con buenos ojos competir en Italia pues en el Tour que ganó el año pasado no le dan chance. Nibali defenderá corona en un trazado interesante para él, pero quienes deben estar salivando deben ser Contador y Nairo, tanto monta, a ambos les han venido los Reyes con meses de antelación.

Imagen tomada de catenacycling.com 

INFO

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