El quiero y no puedo de Miguel Indurain

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En 1996 muchas cosas no eran las habituales en Miguel Indurain. Su camino hacia el Tour, por segunda vez consecutiva, se había hecho omitiendo el Giro de Italia con el plan B de Dauphiné, en la que el navarro anduvo inspiradísimo como pocas veces se le había visto, ganado incluso etapas de montaña, algo que en él no era habitual.

Pero el Tour, ese Tour de 1996 amaneció maldito desde el mismo día puso el pie en la salida holandesa: suelo mojado, pertinaz lluvia y temperaturas inusualmente bajas. Aquello no era el Tour, no como lo concebía él, caliente, caluroso. Le era hostil, y en su equipo, en el que el ambiente venía tocado por el otoño de 1995, el mundial colombiano y el récord de la hora frustrado, se veía con preocupación que las piernas de Indurain no lucían la esbeltez de otras veces.

#DiaD 8 de julio de 1996

El Tour prosigue su camino por los Alpes tras la hecatombe de Les Arcs, en el que el cinco veces ganador de la carrera, y opositando a la sexta victoria, se había venido abajo en una pose de debilidad inédita. Al día siguiente, la cronoescalada de Val d´ Isere aupaba a Eugeny Berzin e Indurain demostraba que aquella la carrera le venía grande. Se dejaba un minuto con inconsistente ruso en 46 kilómetros de esfuerzo individual, algo que la tradición siempre marcaba al revés.

Aunque muchos sitúan en Hautacam el momento de declive total del navarro, fue antes, fue en Sestriere, al final de los Alpes donde el convencimiento que aquel Tour no sería para Indurain fue generalizado. La etapa empezó mal, amputada por el mal tiempo. La nieve, nieve en julio, impedía subir al Gaibier. De esta guisa la carrera quedó reducida al Montgenevre y final en la estación piamontesa.

Fue el día de Bjarne Riis, aún ataviado con los colores de la bandera de su país y en vísperas de sentenciar el Tour en los Pirineos. El danés atacó duro y quitó el liderato a Berzin. Entre una cosa y otra, Riis le metía otro medio minuto a Indurain que sumado a la debacle de Les Arcs y el otro medio minuto de la cronoescalada dejaba muy tocado al navarro, el hombre que, como otros grandes antes que él, acabó claudicando ante el imposible registro del sexto Tour.

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