El remedio y la enfermedad

0
5
vistas

Tremendo el lío que se ha montado esta semana “en redes”, como gusta decir hoy en día, a raíz de lo de la matrícula, licencia y seguro para ciclistas. La prensa de los días 1, 2 y 3 de junio llevaba, de forma si no unánime, por lo menos sí muy amplia, la noticia de que la Dirección General de Tráfico estaba estudiando la implantación (obligatoria, se entiende) de estos elementos en nuestro país. Por ejemplo, en el diario Las Provincias, poco sospechoso de antipatía recalcitrante hacia el actual gobierno, se podía leer que “la subdirectora general de Intervención y Políticas Viales, Mónica Colás, confirmó que están sopesando seriamente estos cambios para los ciclistas”. Por su parte El País explicaba que “la subdirectora general de Intervención y Políticas Viales de la DGT, Mónica Colás, reconoció que esas ideas se estaban estudiando”.

Lo siguiente que pasó es que las redes “ardieron”, para seguir con el tópico. Bronca descomunal en Twitter. No quiero ni imaginarme lo que ha tenido que tragar esta semana el/la community manager de la DGT… Y el tercer acto de este sainete preveraniego: la DGT emite un comunicado negando rotundamente que esté estudiando implantar estas medidas y en el que además “lamenta la tergiversación deliberada que se está realizando” en torno a la cuestión. Si lo que querían era apagar el fuego, parece que eligieron al bombero pirómano.

Se me ocurren al menos dos hipóstesis para explicar este desaguisado: o bien los medios difundieron una noticia errónea/manipulada/tergiversada (elijan el calificativo que más les guste), o bien a alguien de la DGT se fue de la lengua de manera flagrante, en cuyo caso la principal sospechosa es la susodicha señora Colás. Lo primero lo veo improbable, dado que no parece que las diversas noticias difundidas sean un refrito de un mismo y desafortunado despacho de agencia. Sobre lo segundo no pondría la mano en el fuego: como no tengo información de primera mano lo dejaré en cuarentena.

En cualquier caso, y a la vista de los antecendentes (bronca por la pretensión de imponer el casco obligatorio en ciudad), sí que tengo que expresar mis serias sospechas de que efectivamente a [email protected] cerebros pensantes de la DGT se les ha pasado por la cabeza seguir con su paternalista campaña de “protección” de los ciclistas mediante la implantación de medidas tan draconianas.

Recuerdo que de niño (hablo de los años 70) las bicis de mi pueblo llevaban “chapa”, una plaquita rectangular expedida por el ayuntamiento que los propietarios de las máquinas acostumbraban a colgar en la parte trasera del sillín. Estas incluso venían de fábrica con dos ranuras en las que se metían dos trozos de alambre retorcidos de los que pendía la matriculita. Aquello desapareció del mapa a principios de los 80. Se debió de imponer la evidencia de que era un anacronismo, un engorro y un quebradero de cabeza administrativo, en un país en que la bici ya era un objeto omnipresente en las casas. En la de mis padres en un momento dado llegó a haber más de 15: hubiera sido un despropósito monumental que las hubiéramos tenido que matricular todas. Y puestos a controlar “vehículos potencialmente peligrosos”, ¿por qué no seguir con los patines, patinetes, monopatines y carritos de los bebés y de la compra?

Así que lo de hacer matricular las bicis a mí me suena directamente a disparate. En cambio es innegable que una mayor y mejor educación vial (de todos los usuarios de las vías públicas, no solo los ciclistas, por cierto) y una progresiva extensión de los seguros de responsabilidad civil para estos últimos pueden ser medidas positivas y por lo tanto objetivos deseables para el colectivo ciclista y para el conjunto de la sociedad. Ahora bien, también sería un soberano disparate pretender imponerlos por real orden, por la sencilla razón de que hacerlo iría en detrimento del que tiene que ser el principal objetivo de [email protected] en relación con la bicicleta: promover su uso a todos los niveles (lúdico, deportivo y como medio de transporte). Una iniciativa legislativa que genere un perjuicio mayor que los “males” que pretende remediar es una iniciativa indeseable.

Si hemos de creer el comunicado de la DGT, no hay riesgo de que se acabe adoptando una medida legislativa indeseable en esa línea. Aunque, como sugería más arriba, yo de ustedes me iría abrochando el casco, por si acaso.

Por Bernat López, editor de Cultura Ciclista

Imagen tomada de http://www.nwrevistadereus.cat

Publicidad

Deja un comentario