El rincón de los libros ciclistas (I)

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Ocurre de un tiempo a esta parte que todos publican libros de ciclismo, bicicletas y demás enseres relacionados. La masa lectora de este mundillo, que haberla la hay, se ha encontrado de repente en una vorágine de títulos, propuestas, biografías, perfiles, historias, anécdotas de bambalinas, revisiones, reediciones,… un magnífico compendio que tiene ciertos culpables. Aquí nuestro excelente colaborador Jordi Escrihuela, nos adentra en un momento en que la situación no era tan halagüeña…

Un día llegó un email a mi correo. Era de alguien desconocido para mí. Yo siempre hablaba, en clave, que lo que más echaba de menos eran mis libros de ciclismo, mi gran pasión. Encontraba a faltar el placer de coger un libro en mis manos, leerlo cómodamente y hojear sus páginas. Hacía años que no sentía esa grata experiencia. Aquel mensaje me hizo sonreír: me abría una puerta a la esperanza. Aquel anónimo personaje me dio unas coordenadas. Sabía de lo que me estaba hablando. Me dijo que en aquel punto encontraría lo que hacía años estaba buscando. Me rogó que ni le contestara ni le diera las gracias. Él estaba vigilante. Únicamente me puso una condición: solamente podía llevarme un libro, “yo sabría elegir”.

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Introduje las coordenadas en un GPS que me llevaron a más de 300 km de la ciudad, a un lugar desolador, apocalíptico: un desierto de piedras y rocas. Recorrí aquella zona buscando sin saber bien el qué. Desanimado, vi una pequeña loma enfrente de mí. Decidí probar. Ascendí apenas 100 m de desnivel cuando algo me llamó la atención: desde allí arriba se divisaba una piedra muy singular, una tremenda losa que parecía tener grabada una inscripción. Bajé rápido y me dirigí a aquel punto con decisión. En ella se podía intuir algo esculpido en la losa. La limpié con cuidado y los dedos de mi mano leyeron la letra “B”. Lo había encontrado. Desplacé la piedra y allí estaba: una enorme trampilla oxidada por el tiempo que me costó mucho esfuerzo el poder abrirla. Unas escaleras me invitaban a bajar. Ayudado por mi linterna, bajé unos 50 m hasta que por fin los vi: miles y miles de libros amontonados en estanterías o tirados por el suelo, algunos casi destrozados, envejecidos por el paso del tiempo o devorados por las ratas.

Sin embargo, aquel caos parecía que seguía un orden lógico: los libros en su día habían estado clasificados y ordenados por temas. No tardé en encontrarlos, medio rotos. Entre todos aquellos libros de ciclismo, tenían que estar los míos. Me los habría llevado todos, pero recordé aquel anónimo mensaje: solo podría llevarme uno. Así que de momento me tuve que conformar con hojear mis viejos libros.

El primero que pude dar alcance fue “Locos por el Tour”, de Carlos Arribas, Sergi López Egea y Gabriel Pernau, un libro que disfruté leyendo las aventuras y desventuras de los ciclistas españoles en el Tour desde sus inicios, con jugosas anécdotas. Se encontraba en bastante buen estado, pero olía intensamente a papel viejo y húmedo.

Luego vi los libros de Lance Armstrong, aquel ciclista tan odiado y querido a la vez durante la segunda década del siglo XXI. Eché un vistazo al increíble “Mi vuelta a la vida” y leí lo siguiente:

Quiero morir a los cien años de edad con una bandera americana a la espalda y la estrella de Texas en el casco, tras descender gritando por los Alpes sobre una bici a 120 km/h“.

Así comenzaba este libro que explicaba la lucha del corredor americano contra el cáncer, que produjo mi admiración y respeto por este texano indómito, que acrecentó mi interés por él. Y de nuevo allí entre mis manos, su segundo libro “Vivir cada segundo”, escrito como el anterior junto a Sally Jenkins. Si en el primero Lance nos narraba desde que le fuera diagnosticado un cáncer testicular que se extendió a sus pulmones y cerebro, hasta su sorprendente recuperación que le llevo a ganar su primer Tour en 1999, en éste Lance ya ha vencido en su quinta participación consecutiva. En él nos explica su vida como deportista, de sus alegrías y del nacimiento de sus dos hijas gemelas, de su traslado a Girona y del desafío que le supuso superar aquella experiencia traumática y a aprender a disfrutar plenamente de cada momento. Después de lo que sucedió muchos le crucificaron, pero su historia de superación quedó en la memoria.

Los dejé con delicadeza en el suelo junto a mí. Un poco más lejos, tirado en el suelo, medio roto y con las páginas sueltas encontré mi libro sobre aquella gran marcha que en su día fue la Quebrantahuesos, una obra imprescindible para todos los amantes de aquella prueba del Alto Pirineo Aragonés. Su título: “La Dulce Tortura”, acertaba de pleno con el espíritu de aquella llamémosle “carrera”. Su autor, Miguel Gay Pobes, nos llevó a participar virtualmente en la prueba de una forma muy realista. Del mismo autor, el libro “Escartín, La vida cuesta arriba”, brillante obra que no logré encontrar  entre aquel desorden de montones de libros.

Continuará… 

Foto tomada de www.thecityforbike.com

INFO

100 Tours en un libro

El autor Feargal McKay y Aurum han sacado un hermoso libro sobre las 100 primeras ediciones que no podemos menos que recomendar. Una compilación de datos e historias, excelentemente narradas, con rebotica e muchos casos interesantes de saber desde una óptica anglosajona, lo que por estos lares no nos deja indiferentes.

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Aquí tenéis más información.

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