El señor del Angliru

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Decir Angliru es para muchos de vosotros decir Chava, Heras, Aitor, Simoni,… la cima asturiana, que debutara e la Vuelta hace ya dieciséis años entre niebla, lluvia y asfalto resbaladizo, es sin duda el icono del ciclismo moderno, el lugar donde se doblegó la tradición para entrar en el ciclismo de pendientes imposibles y puertos mediáticos.

Sin embargo me vais a permitir irme un poco del tema. Seguimos en el Angliru, en la cima que sombrea Riosa y su vega, pero no hablamos de ciclistas, y sí de corredores a pie, por eso que ahora llaman “running”, una de las actividades que llena horas y horas de mi semana. Y si hablamos de correr y Angliru, lo hacemos de Andrés Acuña, un atleta chileno, olímpico y afincado en Barcelona, muy popular en las carreras de por aquí, porque lleva unas cuantas en el palmarés, que conozco poco, pero del que todos dicen lo mismo: es un encanto.

Acuña conoce la subida al Angliru corriendo, con los pies en el suelo, sollozando en la intimidad y mareado por el vértigo de sus pendientes Aquella carrera se hizo durante unos ocho años con figuras de la talla de Agusti Roc, Cristofol Castañer, Vicente Capitán y su hermano José Luis.

El amigo Acuña la ganó dos veces de tres participaciones, en la tercera “pinchó” y quedó quinto, poco pelaje para un ganador, aunque en su descargo admite que la preparación que no fue la mejor.

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Y ¿cómo se sube el Angliru corriendo?

Impresionado, la verdad. Mientras estábamos compitiendo pensé más de una vez lo duro que debe ser hacerlo en bicicleta. Saliendo del pueblito de Riosa, el único falso llano lo encontrabas en el quinto kilómetro, a partir de ahí, en el suelo de la carretera alguno escribió: “Aquí empieza el infierno”.

No se equivocó, pues de ahí en adelante tenias que dosificar muy bien tus fuerzas pues había trozos del recorrido en los que te ibas a seis minutos el kilómetro.

El cielo se abre cuando afrontas los últimos 500 metros, que son en bajada, lo cual, como comprenderás, era un alivio. Una de las cosas que me llamó la atención fue la implicación de la gente en la carrera, la vivían como algo propio pues estábamos trepando por su montaña. El ambiente, el lugar, todo, tenían algo mágico y pese a todo lo dura que resultó, te animaba a querer volver por su gente tan amable y generosa atendiendo a los corredores.

Esa carrera me enamoró. Desde entonces siempre digo que si tuviera que volver a nacer me gustaría hacerlo en Asturias.

Imagen tomada de www.fusionasturias.com

INFO

La bicicleta en destino con Nacex 

1 COMENTARIO

  1. Gracias por comentar lo que significa el Angliru para el ciclismo en general ,para los pueblos adyacentes y para mí muy especialmente por haber corrido allí,como atleta siempre quedará el recuerdo del ambiente lo imponente de la montaña y sus gentes ,el calor humano que me hizo pensar en mi tierra sin lugar a dudas el Angliru lo rodea algo mágico

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