El síndrome de Van Garderen

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Lo hemos oído muchas veces y no por ello la expresión pierde todo su sentido. En las grandes vueltas, la tercera semana es otra cosa, nada comparable el resto del año. Son como esos últimos sesenta kilómetros de la Lieja, los que le hacen especial respecto a su hermana, la Flecha, como el plus de Flandes y Roubaix, como… las prórrogas interminables del mundial de fútbol.

Este Tour, no sé si es por el calor, opr la extenuante velocidad, está siendo una evidencia de ello. Ya ven Tejay Van Garderen. Hizo el camino perfecto para el Tour, firmó una primera semana perfecta. Salió empatado a cero con Froome hacia los primeros estribos de los Pirineos. Estaba fuerte, se le veía bien, perfectamente rodeado, hasta por Samuel Sánchez, quien no se prodiga en labores de gregario. Pasó el tramo de los Pirineos delante, aunque, como el resto, masacrado por Froome. Tuvo algún problema respiratorio, salvó Gap, la jornada de descanso y… petó.

Sencillamente petó. No hay más que fatiga extrema acentuada por los nervios de una primera semana atípica, la carencia de terreno favorable, en su caso las cronos, y un calor que si en extremos meridionales como el nuestro nos achicharra, en Francia, con ese “verano francés” que dice Perico, quema lo suyo.

Es lo que llamamos la tercera semana, la misma que en el Glandon, con la motivación del maillot de la montaña y un tercer triunfo de etapa en el horizonte, se clava en el ser de Purito para descolgarse de un grupo en el que, visto lo visto, podía haberle disputado la victoria al excelente ciclista que es Bardet.

El mismo cansancio que lleva a Bauke Mollema loco persiguiendo, él y su equipo, cada metro para salvar el top ten, y los puntos UCI que conlleva. El mismo cansancio que se ha tragado la ilusión de Tony Gallopin, quien por un momento soñó con ser de los diez mejores. El mismo cansancio que apareció en Alejandro Valverde en la coronilla del Glandon.

Por eso, nada de anticipar cosas. Torres más altas han caído, quedan dos días de dureza inusitada, que si bien son cortitos en kilometraje, prometen voltios de emoción. Quizá ese momento que apreciamos flojo en Chris Froome tras el mareante puerto de Lacets, a diez de meta, puede proyectarse más allá. Porque si hasta el momento Froome no ha mostrado grietas, tampoco Nairo se ha prodigado a fondo. Sed pacientes porque igual hasta nos llevamos una sorpresa.

Imagen tomada de FB de Tour de Francia

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