El Stelvio, un puerto de época imperial

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Cuando el ciclismo quiso hollar las cumbres para gloria suya, pensó en las que hoy entendemos como grandes de todos los tiempos. Aún resuenan aquellas palabras de Lapize: “Sois unos asesinos”. Los destinatarios de tales soflamas fueron los organizadores del Tour que quiso pisar por primera vez los caminos pirenaicos. Los improperios de Lapize eran lógicos. Años de miseria exacerbada, en una Europa en puertas de su primera gran guerra. Las carretas no eran tales, era pistas con pedruscos como sus bidones y enmierdadas por los ganados. Distancias inhumanas además, se salpicaban de estos colosos. Aquello no era ciclismo, era una tortura de diez horas un día sí y al siguiente también hasta que el cuerpo o la máquina dijeran basta. Sin embargo aquello causaba estupor, era la moda, el perenne encanto de lo nuevo.

Hace unos años pude asistir a una interesantísima charla que presentaba un libro sobre la bicicleta desde el punto de vista de los ingenieros de puertos y caminos. La edición del mismo, más de 300 páginas en encuadernado de tapa blanda, ancho lomo americano y paginado de perfecta calidad del mismo corre a cargo de varios miembros del Colegio barcelonés de tal insigne profesión bajo el yugo de la pasión de la bicicleta.

Entre otros temas de extraordinaria profundidad, fui al de los puertos de montaña. Entendía que como ingenieros de puertos tenían algo que decir. Y tuvieron. Abarcaron un capítulo bajo el epígrafe ¿por qué los puertos suelen tener un 7% de desnivel medio?.

Hay una explicación: su fecha de construcción. Los modernos contemplan ese dígito porcentual, los anteriores no suelen respetarlo. Actualmente tenemos puertos que siguen el mismo trazado original: Aubisque, Tourmalet, Izoard, La Madeleine, Pailères,… todos sobrepasan el siete por ciento pues todos fueron trazados en el siglo XIX.

A finales del mentado siglo, ya se empezaba a hablar de racionalizar los porcentajes. En el artículo titulado “Determinación de la pendiente máxima que conviene para salvar grandes alturas en las carreteras” la Revista de Obras Públicas iluminaba sobre la cuestión. Se atisbaban puertos con tramos del ocho por cierto separados por breves “descansillos”.

Las carretas tiradas por mulas y los incipientes coches necesitaban estas facilidades si no querían despeñarse cuesta abajo y marcha atrás. En estos parámetros se ubican Hautacam, Luz Ardiden, Plateau de Beille,…

Y sí. El Passo dello Stelvio se instala entre los primeros. Su construcción es una obra de ingeniería formulada hace poco menos de doscientos años. Urgía conectar el Imperio Austrohúngaro con la Lombardía.

La fábrica, ideada por Carlos Donegani,  despierta tantos halagos como su dureza e innegable atractivo paisajístico y legendario, estas rampas las doblegó Fausto Coppi. Sus 48 curvas de herradura por el eterno valle aupadas sobre sillerías empedradas de mampostería causan furor entre los fotógrafos. Su trazado unía las ciudades de Bormio y Pratto Stevio, o lo que es lo mismo la Lombardía y el Trentino por cuestas cuyo desnivel supera los 1800 metros.

Hoy esa conexión se hace por modernos túneles y el puerto ha quedado como un gran parte temático natural y al aire libre de la épica ciclista y humana, pues por aquí se vieron enormes combates de la primera Guerra Mundial, esa que dicen enterró los grandes imperios, pero a la que sobrevivió el Stelvio.

Este martes el combate también es a todo o nada. Lo que dicte el coloso servirá quien vestirá de rosa a los pies del Duomo milanés.

Para este artículo he necesitado la ayuda del libro “La ingeniería en la bicicleta” de Fundación Esteyco y especialmente el capítulo firmado por un loco de la bicicleta, Oriol. 

3 COMENTARIOS

  1. Al leer tu post me ha venido a la cabeza lo que una amiga decia cuando ibamos de marcha(andar)y nos quejabamos de como era la carretera, "soltaban a un burro y por donde iba, por alli marcaban para hacerla". Bromas a parte, lo que se les viene encima mañana es escalofriante. Después de ver como han llegado hoy, al límite de sus fuerzas… 48 curvas de herradura va a ser matador.Que en el pasado estos parajes fueran testigos de grandes combates, mañana volverán a ver una lucha diferente… para mi, más espectacular que las de otros tiempos.

  2. Iván, eres muy amable, aunque para llegar a la categoría de loco de la bicicleta deberé esforzarme. Sigo en aprendiz de loco.. ;)Gracias a ti por contar esta historia muchísimo mejor que unos cuantos ingenieros de profesión y ciclistas de corazón. !Maldita separación en ciencias o letras!.. Seamos de ciencias y letras!Un saludo y que disfrutemos mañana del Mortirolo y el Stelvio. El primero una pista forestal asfaltada, durísima y mitificada por el propio Giro (ahí de 7% de media nada de nada!.. se trata de una pista de montaña en origen… eso era otra cosa). Y el Stelvio, un puerto imperial, como bien lo has descrito.Gracias y mucha suerte.Oriol

  3. Interesante visión y es que el ciclismo no es sólo pedalear.
    Esto entronca con lo que comentábamos de lo interesanted e la cartografía y los mapas para el ciclismo también.

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