El telegrama de Geraint Thomas

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Ganar una clásica adoquinada, quedarse a cinco segundos de ganar la Vuelta a Suiza, ser clave en la victoria de Chris Froome en el Tour, mejorar en la montaña, estamparse contra un poste telegráfico, pasar un día de miseria y al siguiente celebrar el Tour de tu compañero en París.

Así, en resumidas cuentas, se relata el año de uno de los ciclistas que mayores progresos ha mostrado en este 2015. Geraint Thomas, un corredor que no ha ocupado pocas líneas en este mal anillado cuaderno, camina por un estado tan dulce que ahora mismo hasta se plantea cosas mayores en el Tour.

Entre sus perlas, sin duda esa tarde de gris primavera en Harelbeke cuando sorprendió a Stybar y dejó sentado a Peter Sagan. Desde entonces la bocamanga de su Union Jack ha sido perenne en el paisaje de vanguardia. Tras Suiza, donde el imprevisible Simon Spilak le rebañó la general en la crono de Berna llegó la prueba del algodón en el Tour: sexto en la Pierre de Saint Martin, el día de las alarmas disparadas, trabajó y casi llegó con su líder en otros días clave hasta que el cuerpo le dijo basta en los Alpes.

Dicen que el galés, que ha merodeado las Revolution que llenan velódromos en UK, está poniendo el ojo en incluso disputar el Tour, pero como dirían algunos de nuestros políticos le faltan dos pantallas para ello: ganarse el liderato en un equipo estricto en el reparto de roles y apuntalar el camino como hizo su mentor y guía en este camino, Wiggins, es decir, ganar antes las hermanas pequeñas: Paris-Niza, Dauphiné, Suiza o Romandía.

Que puede hacerlo no lo dudamos, que llegue a todo lo que su polivalencia le supone, es otra cosa.

Imagen tomada de www.zimbio.com

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