El Tour x los Pirineos: La democratización de las cumbres

1
5
vistas

Año 1933. El Tour de Francia cumple treinta años. La España de la segunda República puebla masivamente las mejores subidas de la carrera francesa en apoyo de un ciclista que apodaban como “la pulga”, Vicente Trueba. Pero la informe masa venida del sur para animar a su ídolo, no está sola en la conquista popular de las cumbres. Desde la organización, desde los consejos comarcales, se nota que las subidas acumulan una cantidad de gente que no es lo más recomendable para el bienestar de la montaña.

L´Ouest- Eclaire publica “el Aubisque es una auténtica locura”. Las montañas ya son iconos y eso que el Tour no ha cumplido ni treinta ediciones. La situación en el Tourmalet, Aspin y Peyresourde no es muy diferente. La sensación de colapso es tangible cuando la reputación que el ciclismo le da a estos lugares confluye en numerosas manifestaciones deportivas por la zona a lo largo del año.

La organización del Tour camina en el filo. Al margen del daño que le causan a la zona, empiezan a pensar en la seguridad propia de los ciclistas, de la caravana, de la carrera. Hacen números y no les salen. Se gastan la cifra nada despreciable de 1300 francos de la época para garantizar la seguridad, sin embargo, la sensación es que ésta se queda corta ante el gentío que se aproxima. El dilema queda servido, y hoy sigue siendo fuente de debate, cuando vemos a auténticos trillados correr al lado de finas figuras que “malamanete” mantienen el equilibrio ante la fatiga y la exigencia del reto.

Mientras en la carrera Georges Speicher logra salir reforzado en la general, entra en los Pirineos con quince segundos y sale con más de cinco segundos sobre Lemaire después de cuatro jornadas de tránsito pirenaico que ve el doble triunfo parcial de Jan Aerts en Ax les Thermes y Tarbes.

Publicidad

1 COMENTARIO

  1. […] He leído que la gente del País Vasco ya no vivirá su vuelta o no irá a las cunetas del Tour si no hay un Euskaltel en liza. Con todos los respetos, entiendo que un alto porcentaje de la gente que se acerca a ver el Tour, al margen de amar los colores de su tierra, lo hace por una estima indescriptible a este deporte. Señores las expediciones de aficionados vascos al Tour son casi tan antiguas como la entrada de los Pirineos en la gran roda gala. Aquí dimos las señas de una edición que hizo que los Pirineos se llenara de afición, y mucha del País Vasco. Ojo que hablamos del 1933. […]

Deja un comentario