El trabajo da sus frutos

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Tenía abandonado este rinconcillo para runners el cuaderno y ahora aprovecho para pasar revista de lo mucho que he trabajado este tiempo. Desde Badalona, y la consabida decepción por la marca, el grupo se ha puesto las pilas y los resultados han llegado. Eso sí, que pocos duden de que si algo se logra es en base a bilis, respirar hondo y salir a correr a ritmos que te llevan en el vacío más absoluto porque anteriormente nunca los había probado.

Dos carreras con buenos resultados han traído esta breve reflexión. Hace tres semanas en los diez kilómetros de La Llagosta logré mi mejor registro en la distancia. Fueron 36´12´´, una marca que mejoraba en ocho segundos la lograda en enero, bajo la lluvia y tras un pinchazo en el isquio. La carrera no despertó excesivas alabanzas de la gente pero a mí no me pareció mal. Rodé a satisfacción todo el recorrido y esta vez sí que admito haber dado todo lo que estaba en las piernas. No hubo más, o al menos no supe encontrarlo. Un tiempo que de seguir mejorando me conduciría a mis ansiados 35. Lo que son las cosas, hace un año bebía los vientos por 36 y ahora parece poco. Nunca estamos conformes.

En estas tres semanas admito haber encadenado una de las series de entrenamiento más duro que nunca he cuajado. Con calidad martes y jueves –rodar a 3´20´´ en las series de kilómetro se ha convertido en norma- más una tirada larga y otras tantas salidas de relleno completo una puesta punto que espero dé sus frutos en la media maratón de Zaragoza, el once de mayo.

Por medio corrí la cursa de mi pueblo, la de Esplugues, un cinco mil, con lo poco que me gustan, cuyos nueve euros fueron a Sant Joan de Déu, gente que sin duda se lo merece. La carrera, obviamente, la conocía perfectamente y este año, a diferencia de otros, ni siquiera me acerqué a comprobar un recorrido muy duro con subidas violentas, largas bajadas y curva más contra curva a cada paso.

Al final firmé la séptima plaza, que con el cambio de reglamento no me sirvió para subir al podio, pero sí para concluir con un tiempo que me llena de orgullo: 17´30´´. Eso es cinco kilómetros de diente de sierra corridos a tres y medio, así a pelo me resulta gratificante. De las sensaciones deciros que si los dos primeros kilómetros fueron un suplicio al final acabé tan entero que lamenté la carrera no hubiera durado un poco más. Las cuestas siguen siendo un terreno en el que estoy a gusto y las bajadas las hago a quemarropa. Llegué a poco más de medio minuto de los primeros. Ahora descanso y en dos semanas espero contar buenas cosas de Zaragoza. Sólo pido que el viento no haga de las suyas.

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