El velódromo como el tarro de las esencias

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Joder la que hemos liado” me espetaba un árbitro mientras subíamos por la rampa que da acceso a la pelousse del velódromo de Barcelona. “Este anillo no se merecía menos” le respondí al tiempo que él asentía.

El sábado pasado el velódromo barcelonés, como muchas veces hemos dicho, la única elipse olímpica que hay en España, acogió el Trofeu Ciutat de Barcelona de ciclismo en pista, que desde hace dos años se dedica al recuerdo del imborrable Miquel Poblet, el mejor ciclista a este lado de la península. La cita crece poco a poco, paulatinamente, de la mano de Jaume Mas y la gente de Pista BCN y de la Federació y cada año mejora en algo el anterior.

Y ¿qué vimos en la remozada madera del velódromo de Horta? pues un espectáculo virgen, a pelo, de carreras y más carreras, sin solución de continuidad. Una puntuación donde dos jóvenes portugueses, los Oliveira, hostigaron sin descanso en medio de miradas y complicidad a un campeón del mundo como David Muntaner que les dio guerra hasta el final a base de doblar el grupo y coger puntos en cualquier resquicio.

Pasó que vimos un serial de keirins en los que la derny sacó humo con una pandilla de murlacos venidos de Venezuela, Irlanda, UK y Chequia, mezclados con los anfitriones, protagonizando varios sprints que necesitaron de photo finish. Hubo un momento en que no se supo ni a quien aplaudir ni gritar, porque la igualdad puso a cien al respetable.

Me dijo una vez Joan Llaneras, hace mucho además: “El ciclismo en pista ofrece un atractivo enorme porque controlas todo en una panorámica sin moverte del sitio”. Eso es la pista, el jardín de casa donde los enanos se te mueven a discreción. Un espectáculo impagable que un día espero se valore aquí como se hace en países que tenemos por referentes.

Y todo envuelto en un creciente, inegable interés por lo que pasa en estos peraltes. Como nos explicada hace un tiempo nuestro amigo Tony de Barceloneta, el ciclista urbano que rueda en fixie se identifica con los pistards presos de la velocidad, el viento y la locura de rodar y rodar dando vueltas en una bicicleta desnuda de frenos y cables.

Nosotros siempre lo hemos dicho, esperamos que ese ciclista urbano que un día se acerca al velódromo mire y aprenda de la cultura que se trenza a su alrededor, de los orígenes, de la esencia. Sinceramente no se me ocurre sitio mejor para entrar en el alucinante mundo de las dos ruedas y por eso lo que hicieron Jaume y los suyos tiene el mayor de nuestros respetos y admiraciones.

Imagen tomada por Miguel López Mallach

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2 COMENTARIOS

  1. Hombre, para un campeón como Joan Llaneras estará chupao, pero a mí se me hace imposible seguir al 100% un scratch y no digamos una puntuación.
    ¿A nadie se le ha ocurrido poner en streaming ó via app la clasificación y el cronometraje reales, aunque sea a nivel no-oficial (para los jueces)? Así tampoco haría falta un marcador electrónico de esos carísimos…

    • lo que dices es muy cierto y la cosa se complica con una americana, pero creo que en esa “confusión” está parte del atractivo porque sin darte cuenta te tiene en vilo como otras competiciones no lo logran

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