El ciclismo en agosto

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Etapa de la Vuelta a Polonia

Permitidme me ponga tonto. Hace menos de treinta años, el agosto ciclista era la Hucha de Oro, la Vuelta a los Puertos, la Vuelta a Burgos, aquí sigue, la Vuelta a Galicia, pero también el Campeonato de Zurich, la Clásica de San Sebastián, la Wincanton Classic, una clásica inglesa inscrita en la Copa del Mundo que recuerdo ganó Gianni Bugno y que con los años pasó a llamarse, Leeds Classic. Es el ciclismo en agosto.

Era un ciclismo primero con sabor a despedida, acabado el Tour, ya se habían corrido las tres grandes y quedaban Mundial y Lombardía como grandes objetivos, y con cierto regusto de prórroga, como si quienes no hubieran aprobado en el curso regular, tuvieran que estudiar en agosto.

Hoy agosto es el regusto del Tour, la Vuelta a Burgos, que se mantiene lozana en un entorno desolador, y dos carreras de nuevo orden, las vueltas de Polonia y Benelux, otrora Eneco, este año con el nombre cambiado. Ya sabéis, ahora el patrocinador pasa por delante de las regiones, los sigios y los emblemas del lugar.

Aunque quedan pocas fechas para la Vuelta, y el Mundial casi acto seguido, a mí el ciclismo de agosto me gusta. Es un ciclismo de segundos espadas, con poco o nada que perder, pero que tienen una calidad tremenda y demuestran que el fondo de armario de los grandes equipos es casi ilimitado, pues sólo así se entiende que estructuras como Sky y Quick Step estén comptiendo en Polonia y Burgos con auténticos equipazos simultáneamente, pero el core de su equipo en el Tour descansando.

Es el ciclismo global, nada de aquel deporte que se apalabraba entre un director avispado y un patrón enamorado del ciclismo. Para bien y para mal, es lo que hay. Y entre otras cosas hay estas dos carreras, Polonia y Benelux que rara vez decepcionan. La segunda, atravesando paisajes de clásicas, subiendo la capilla un día y La Redoute al siguiente, dando excelentes jornadas, como la de Dumolin y Wellens por las Ardenas y abriendo el paso a la segunda línea.

Para muestra de lo que quiero decir, la etapa reina de Polonia, la de ayer jueves, además de ser un prodigio en tiro de cámara, el lugar filmado así era el paraíso verde, ojalá en la Vuelta a España tomaran nota, igual que debería de hacer de la Vuelta a Burgos, además de eso, fue un espectáculo de primer orden con Pozzovivo, Teuns, Jungels, Van Garderen, Nibali, Rui Costa y el ínclito Majka, que tiene alergia a los relevos.

Ganó un ciclista cuyo nombre conviene apuntarlo, Jack Haig, hace 190 centímetros por 63 kilos, 23 añitos el pequeñín, y su ataque a veinte de meta con la plana mayor ahí detrás, manteniendo unos cuarenta segundos hasta el final, destila calidad y valentía. Un Orica tenía que ser.

Imagen tomada del FB del Tour de Pologne

INFO

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