Emilia, ese tesoro ciclista

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Este sábado, una semana después del mundial, es el Giro dell´ Emilia, una de esas joyas que pervive en el tiempo y sobre los tiempos.

En Bolonia no hay rincón que no se subleve en una arcada. Es eso, una sucesión de arcos, de espacios interiores, ajenos a la intemperie. Un urbanismo paralelo, íntimo, a veces oscuro, testigo de negros eventos y peores presagios.

Donde la ciudad pierde su nombre, trepa un tentáculo de ese pulpo callejero, es una arcada, desde Porta Saragozza, que arranca no lejos de San Petronio y los grandes templos de la gastronomía boloñesa, una arcada que al principio es llana, paralela a la vía y que en el espectacular Arco del Meloncello, corre montaña arriba para concluir en San Luca, iglesia que por fuera promete una belleza que no se corresponde con el interior.

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