En dos palabras: “bici” y “MAD”

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Ya tiene Madrid en marcha su servicio de bicicleta pública. Lo tiene como otras tantas ciudades y su puesta en marcha, como no podía ser de otra manera, no ha estado exenta de problemas y dificultades. Como bien reza el titular de este post, en el ya tradicional análisis de nuestros #JuevesUrbanos, separamos las palabras “bici” y “MAD” porque las bicicletas van por un lado y la ciudad, más bien los que se arrogan el papel de gestores, por otro.

Madrid es una ciudad bella, bellísima. Una ciudad con encantos  mil que frecuento por ocio y trabajo y que conozco bien, pues he corrido a pie muchas veces por ella, principalmente por la zona del Manzanares, Gran Vía, Retiro, Moncloa, Bernabéu y Fuencarral. De esas travesías, más otras que he realizado a pie, se desprende la orografía complicada de la capital. Raro es el trayecto de quince minutos por Madrid que no incorpore un cuestarrón. Dicho esto, aplaudo la dotación de bicicletas eléctricas como modo de atenuar esas cuestas que pueden tirar para atrás a muchos usuarios menos preparados o a otros que no quieran sudar la gota gorda en cualquier subidita.

Pero estamos en España, estamos en siglo XXI y la ineficiencia probada de nuestros políticos destapa la sospecha de si esa batería de bicicletas eléctricas responde a la necesidad del usuario o a las servidumbres de quienes contratan el servicio, porque si bien vemos con buenos ojos lo de las bicis con “ayuda”, empezamos a pensar en lo peor con desastroso estreno del servicio, un servicio que por cierto se anunció en 2010.

Es decir ¿está el servicio de biciMAD en las mejores manos? ¿se ha hecho con una conciencia de implantar este transporte? ¿se ha tenido en cuenta al usuario, sus quejas, sus miedos, su problemática? ¿tiene la ciudad mimbres viales para desarrollar este medio? ¿se ha empezado la casa por el tejado? Entre los muchos comentarios que he leído de potenciales usuarios emerge un brutal desconocimiento de por dónde poder usar este servicio con un completo respeto a las normas. Es decir sin molestar al peatón y teniendo claras las rutas de carriles bici más idóneas para llegar a tu destino.

Porque quien conozca Madrid sabrá que no es una ciudad sencilla en el tráfico y que la red de carriles bici, aunque al alza, dista mucho de garantizar que las nuevas bicicletas públicas circulen ajenas al peatón o a los riesgos de la calzada. Dicen que en Madrid sólo el 1% de los trayectos se hacen sobre una bicicleta, lejos del quince de Sevilla o el 35 de Ámsterdam o Copenhague. Hay margen enorme por mejorar, hay también oportunidades de negocio, y no sólo para las empresas satélite del consistorio, sin embargo las formas son siempre tan de aquí que tenemos la sensación de que la bicicleta ha caído en manos de esta gente con un único fin: el propagandístico.

Ver el mapa de biciMAD sugiere que tendrán que ir muy bien las cosas para que crezca el servicio, si bien las cosas podrían no mejorar si el mapa no se hace más grande. Al final acaba siendo el pez que se muerde la cola con propuestas por otro lado curiosas como el incentivo económico a aquellos usuarios que retiren o dejen  bicicletas en las estaciones menos solicitadas, algo que no entiendo por qué no se hizo directamente en el transporte público.

En fin que les deseamos mucho éxito a la iniciativa, pero los comienzos no son los mejores. Convendría que las palabras bicicleta y Madrid fueran juntas y no separadas por abismo de dudas e interrogantes.

Gran parte de las cuestiones que planteo en este post han sido fruto de leer diversos artículos de la gente de http://www.enbicipormadrid.es/

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