En el ciclismo de masas, ganaba un negro

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Deliciosa pieza de culto con la que nos obsequió hace un tiempo Cultura Ciclista. Las memorias de Major Taylor son necesarias para entender el carácter universal e infinito del ciclismo. Se trata en esencia de la historia de un ciclista negro que hizo las delicias de los expectadores y las amarguras de los rivales en el cambio de siglo, allá por 1900, cuando el ciclismo era la NBA y llenaba velódromos y pistas de medio mundo. Cuando Estados Unidos era la cuna del odio racial.

Curiosamente siempre que hablamos de ciclismo anglosajón lo hacemos en términos de novedad, sin embargo, las pistas de Chicago, New York y Dallas ya vivían tremendas veladas de ciclismo donde la audiencia dejaba sin espacio las gradas en un baño de fervor y éxtasis por los jinetes del peralte.

Cuando Major Taylor decidió ser ciclista todo le acompañaba: un espíritu indomable, un físico perfecto y una cabeza perfectamente amueblada. Todo aderezado con ese punto de soberbia de quien es el mejor en lo suyo. Pero su entrada no resultó sencilla, el fervor que despertó en el respetable fue proporcional a la indignación que creció en el corazón de unos rivales que no concebían un negrito mojándoles la oreja. Taylor les pasó a rodillo uno a uno, con la satisfacción doble o triple de ganarles, demostrarles que la diferencia entre colores de piel no era más que un prejuicio y llevándose unas bolsas de dinero que desde luego le proporcionaron una vida profesional y muy digna como nadie o casi nadie puede decir hoy en día del ciclismo en pista.

El libro es un relato cronológico de las andanzas de este corredor en los años que vieron la bicicleta crecer en la sociedad como elemento de transporte y entretenimiento. Los quemaderos de apostantes japoneses en kerin tienen un antecedente en estas competiciones de velocistas desbocados que se compinchaban por temas raciales para joder al negrito que les acostumbraba a ganar.

 

De toda la obra me quedo con dos pasajes perfectamente extrapolables al presente:

 

De camino hacia mi vestuario me di cuenta con más claridad que nunca de que el público siempre está con el ganador, independientemente del color de su piel

 

La modestia debería ser siempre una característica de cualquier campeón. Siempre me ha parecido que un campeón de verdad tiene que afrontar las carreras con autoconfianza pero nunca con presunción. En cambio he conocido corredores mediocres que transpiraban presunción antes de tomar la salida en las carreras

 

 

En unos tiempos convulsos como los actuales volver a las raíces es siempre interesante. Taylor vivió el tiempo en que el ciclismo estaba inventándose, casi de forma contemporánea a otro entrañable héroe, Charles Terront y su primera París-Brest-París, y por ello muchas de las cosas que dice tienen sentido pleno un siglo después. Ambos vieron el paso de la rueda maciza al neumático y ambos vivieron años muy complicados, Terront corriendo en medio de nada, Taylor impregnado del desprecio por ser negro. Quizá por eso en ambos tengamos un excelente baremo de cuán afortunados seguimos siendo.

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