En el velódromo está el origen

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“Todo empieza como un viaje de vuelta a casa, de retorno. Mucho tiempo fuera del hogar hace que uno se pregunte si el origen de uno mismo es el lugar donde se fraguaban las leyendas o si simplemente es otro cuento de hadas plagado de frases vacías de marketing y espejismos de otra época…”

Hace mucho, mucho tiempo, cuando el fútbol era un deporte más y los verdaderos héroes montaban sobre dos ruedas empujados con golpes de aire y latidos acompasados,  se creó una leyenda, ahora olvidada por los que no vieron morir al dictador, pero que sin saberlo siguen sus mismos pasos, pedalada a pedalada.

El fixed se apoderó de Barcelona hace poco más de un lustro, bicicleta de carretera reformada y alguna vieja gloria oxidada languideciendo en el garaje de algún abuelo, empezaron a ver la luz del día de nuevo… bicicletas y llantas que hacían daño a la vista con aquellos tonos sacados de la paleta de color de algún pintor estridente se escaparon por las calles, tiñendo la ciudad de transportes molones, cool, de moda…

Poco a poco la densidad de ciclistas que rodaban a piñón fijo se fue expandiendo y contaminando otras ciudades del país, hasta que la cosa empezó a llamarse fenómeno; el fenómeno del piñón fijo, del fixed. Empezaron aparecer tiendas con recambios, webs y blogs con información, entendidos en la materia…

Mientras todo aquello cocía a fuego lento, otro tipo de interés empezaba a despertar entre algunos de los  “nuevos” llegados… ¿Cuál es el origen de esta movida más allá de mensajeros y hypsters de gafa pasta y postura desafiante?

 

Y sólo había una respuesta: El Velódromo.

 

Así que muchos tocados por este pensamiento se dirigieron a la pista, picaron a la puerta y preguntaron por la pureza del ciclismo, por su base, por su plasticidad y por su belleza, y aunque no entendieron las preguntas quizá fue porque no sabían las respuestas… sin embargo el germen había plasmado: “Lo real y lo puro está dentro de la pista”.

Pasaron los días y algunos  se colaron en las peraltadas menos vigiladas, saltaron cual espontáneos al ruedo para probar su valía y hablaron de lo que sintieron a sus compañeros ciclistas. Pero las puertas de los velódromos seguían cerradas, en un entorno casi hereditario de padres a hijos, un secretismo del cual “los recién llegados” tenían ganas de aprender.

Así fue el contexto en el cual el Pista Barcelona se gestó, como llave para poder entrar, poder aprender, poder renovar…

 

Cristian Marin, ideólogo de Pista Barcelona

Foto tomada de www.ultimosprint.com