En la piel de Cadel Evans

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Muchas veces me he preguntado cómo se deben sentir los pocos corredores nunca insinuados e implicados en una trama de dopaje. La verdad, a estas alturas podríamos contarlos de corrillo, al menos si nos centramos en ciclistas de amplio recorrido. Del pelotón español nunca oí rumores de Carlos Sastre, ya retirado. De las veces que tuve ocasión de entrevistarle pude preguntarle por su limpio expediente en este escabroso tema y cómo lo hacía para salir airoso de grandes titulares. Fue en 2007, durante el descanso entre línea y crono de la Escalada Montjuïc, la última edición por cierto. El pasaje fue el siguiente:

En un entorno tan volátil como el actual, donde las listas negras, acusaciones, rumores, reproches y venganzas viajan en business, aún no hemos visto tu nombre en ninguna relación de sospechosos ni nada similar ¿cómo lo has logrado?
“Siendo yo mismo. Siempre he tratado de ser honrado y lo que he logrado con ilusión, respeto y sacrifico, lo que te ayuda a vivir en un mundo donde todos especulan sin llegar a ninguna parte. Por lo general soy una persona que trata de quedarse con la parte positiva de las cosas. No he visto hacer nada malo a muchos de los corredores que se han visto implicados. Lo que si sé es que muchos de ellos han sido acusados justo después de haber sido aplaudidos”
La respuesta aunque ambigua en su primera mitad es ejemplificante sobre lo que muchos precisamente no son, “honrados”. Llama también la atención su plena vigencia tras cinco años. Poco después le inquirí sobre las confesiones de Rijs y su afinidad con el EPO. Entonces Sastre se debía al danés y no quiso entrar en materia. No le culpamos, pero como vemos al final, todos acabamos defendiendo nuestros intereses. No hablaría con tanto cariño del danés diez meses después.
Buscando los triunfos perdidos
Otro ciclista nunca señalado por este indiscriminado diablo es Oscar Freire. El tres veces campeón del mundo ha pasado de puntillas y éxito como Cadel Evans. El corredor austral, como buen fondista, como buen especialista en esfuerzos prologadnos a tres semanas, está sencillamente minado alrededor suyo de corredores que un día u otro han visto mancillada su reputación.
Si yo fuera Evans no sabría que sabor de boca desprender de cómo han ido las cosas. Él vigente ganador del Tour fue el único en denunciar abiertamente la terrible alteración que supuso la presencia y posterior expulsión de Michael Rasmussen en el Tour de 2007. Cómo fue posible que hasta que Davide Cassani no cantara por la televisión no se supiera de las infracciones, a la postre penadas, del danés. Qué suerte habría corrido este sesudo ciclista de no estar el flaco nórdico en el Peyresourde en su mano a mano con Contador. Evans perdió la Vuelta 09 en manos de Alejandro Valverde, meses antes de que a éste le cayera una sanción que de ser correctamente aplicada debiera hacer llegado mucho antes. ¿Le oímos quejarse entonces? Yo no. Mucho antes pisó el podio del Giro para vestir efímeramente el rosa. Cayó a la jornada siguiente tras la machada de un grupito formado por Tyler Hamilton, Aitor González, Pietro Chauccioli, Dario Frigo,…
Con todo lo que venimos a convenir sobre este muchas veces vilipendiado corredor es que a pesar de los pesares, aunque la vida no se lo ha puesto fácil, aunque ha asistido al acenso fulgurante y trepidante caída de muchos rivales que a la larga se vio no jugaron limpio, él siempre ha estado ahí, con su tosco pedaleo, su huraña figura y su no menos afín carácter. Evans, como otras veces hemos dicho aquí, da lo que tiene, no esconde, no chulea. Y sí, le vemos comprometido con este deporte, como ya quisiéramos ver en muchos.
Como siempre, te haya gustado o no, aquí puedes dejar tu impresión. 

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