Entre Fuente y Ocaña, sólo podía quedar uno

0
4
vistas

Las rivalidades que unieron y separaron España tuvieron varios episodios y uno que fue especialmente enfermizo. En la España de los setenta no había sitio para dos egos del tamaño de Luis Ocaña y José Manuel Fuente, dos ciclistas cuya voluntad doblegaba cualquier cosa y nunca supieron eso de economizar y guardar un as en la manga.

#DiaD 11 de mayo de 1974

Fuente, el “Tarangu”, tenía la Vuelta medio ganada. A escasos días de que la carrera aterrizara en San Sebastian, el corredor y su equipo, el mítico Kas, se veían ganadores en la ciudad donostiarra. Ocaña, en cambio, iba cuarto y con escasas opciones de remontar la situación. Ello no fue óbice para que el consuenes intentara un último cartucho.

En descenso de Eibar Ocaña puso a prueba las leyes de la gravedad, como él le gustaba. Fuente, sin necesidad de tomar riesgos, aceptó el reto. Su vista en la general se nubló. El líder de la carrera no quería un sesgo de duda en su tremenda ventaja. Los riesgos, en cambio, fueron muchos. En una curva hacia la fabril ciudad guipuzcoana, Fuente se cae y Ocaña lo esquiva.

Alarma, nadie da crédito. El asturiano, vestido de amarillo, color furia, tenía su Vuelta pendida de un hilo, más cuando Tamames, Lasa, Agostinho y otros pululaban por el lugar. Ni corto ni perezoso, Ocaña frena en seco, desanda en trecho y recoge a Fuente del suelo. La etapa la gana Tamames. Ocaña quema su última baza no sin echar pestes de la afición del lugar, que a su juicio empujó, llevó en volandas, en la postrera subida a Arrate.

Poco después, Fuente ganaba la Vuelta, la segunda de su cuenta, con escaso margen, sólo once segundos antes que Agostinho, el durísimo ciclista luso. Del gesto de Ocaña hacia Eibar se habló mucho esa Vuelta y contrariamente a lo previsible, enfrío y alejó a los dos ases.

Imagen tomada de www.pedrodelgado.com

Deja un comentario