En ocasiones veo bicis…

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Este martes ya tuve bastante con ver la cabalgada de mi pueblo, como para presenciar otras por la tele. Sin embargo, supe, por ecos de prensa, que en Madrid no acabó de gustar lo que salió a la calle y que a la alcaldesa le llovieron las críticas. Entre otros elementos de innovación que Carmena quiso introducir, había bicicletas, sí bicicletas, en una cabalgata de Reyes, cuando lo más habitual ha sido que durante años la bici fuera el regalo más ansiado cada seis de enero.

Y es que, más allá de valorar si lo que hizo está o no bien, la bicicleta se ha convertido en algo así como el “comodín del público”, algo cuya sola presencia arregla o explica mejor que ninguna otra cosa un desaguisado. Pon una bicicleta y serás chic, cool, ecológico, modernillo, saludable, respetuoso, amigable,…

 

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Cada vez más escaparates en nuestros comercios incorporan una bici, para vender quesos, porque el lechero iba en bici, o para colgar unos tejanos, cuyo estrecho patronaje les hace ideales para ir sobre una flaca. Las modelos se fotografían con una bicicleta, encima de ella o aguantándola, con un cesto de flores frescas colgadas de su manillar, la cabalgata de Reyes de Madrid llevaba bicicletas, no sé si el desfile del orgullo gay también, porque los carnavales seguro que sí.

Los políticos son los últimos en sumarse a la corriente. Ana Botella montó en un BiciMad el día que inauguró el servicio, aquello era obviamente postureo, pero quizá no lo sea que el alcalde valenciano entre en bici desde el primer día en su ayuntamiento. Se ha instalado el axioma de que el éxito de una política municipal se mide en los kilómetros de carril bici que el edil inaugura, muy por encima de si la bicicleta se normaliza o no. Eso son políticas a largo plazo, pensarán, y cada uno tiene cuatro años en el convento.

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Si algo lleva una bicicleta incorporada a la solapa es que se recicla y en estos tiempos, en los que el invierno parece una primavera fresca, ser ecológico y respetuoso con el medio ambiente también cotiza en bolsa, e incluso influye sobre la compra de algunas personas que se percatan del pésimo legado que le estamos dejando a nuestras generaciones venideras.

Cuando un medio saca Madrid tupido por una boina de porquería en el ambiente, todos piensan en la bicicleta, ¿cómo no?. “Debo ir al trabajo en bici” se dicen, aunque luego la realidad de nuestras mal diseñadas ciudades nos inviten a dejarla plegada en un rincón.

En fin, que la bicicleta florece, está en su primavera, no sé si será coyuntural y en unos años el lugar de la bici la ocupe un botijo, mientras tanto disfruten, que las flacas se llevan y están de moda. Qué dure.

Imágenes tomadas de www.josemanuelvega.com

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