Entre Roubaix y Flandes corre nuestra imaginación

1
3
vistas

La singularidad del adoquín entendido como término donde descansa el castigado tubular del ciclista en pos del triunfo de las dos clásicas más auténticas ha sido el factor clave en el resultado de la última encuesta ideada por este blog en la búsqueda de la clásica que más enamora en este tan tierno periodo que es la primavera.
Arenberg, un lugar infinito
Así ha ocurrido con París-Roubaix y Tour de Flandes, como claros exponentes de esta modalidad tan bella como corta, de apenas unas semanas al año. Entre las dos grandes del empedrado han acomodado más de dos tercios de los 218 votos que nuestros lectores han emitido en este último muestreo a las apetencias ciclistas de nuestros lectores.
Cuando se lanzó tal cuestión no era de extrañar el resultado final, pero tanta diferencia con el resto de clásicas sí que nos han soliviantado. La “Pascale”, la carrera que se corre en Pascua, el llamado infierno del Norte es la favorita del electorado. A menos de dos semanas de su celebración, la carrera que habita en las antiguas rutas napoleónicas y en medio de los campos de la Primera Guerra Mundial, es la que más atractivo ofrece sobre los aficionados. Tramos elucubrados en nuestros mejores sueños nos han entrado por los ojos y anidado para siempre en la mente.  
Sin embargo cierto halo de nostalgia subyace cuando el primero realiza las dos vueltas al velódromo de la ciudad fronteriza. Nostalgia que resulta tristeza por saber que no habrá adoquín en nuestras vidas durante un año. No pasa lo mismo con esa fiesta convocada en los arcenes que es el Tour de Flandes, una vez se cruza la meta al menos queda la semana entera hasta Roubaix. Los adoquines y muros flamencos se enfrentan esta temporada a un reto mayúsculo, por razones abonadas a la modernidad han permutado un recorrido que estaba milimetrado en el corazón de los aficionados.
A distancia figura la decana que va de Lieja a Bastogne y vuelve a la capital valona. Por debajo del 20% la Lieja y sus constantes muros, virajes y demás abren la puerta a los vueltómanos que quieren probar fortuna en las clásicas. La valona es una carrera que sin embargo queda mejor emplazada que el resto de pruebas de un día entre marzo y abril. No parece que la explosiva San Remo cuaje como las mentadas con un 3%, quizá por que en el pelotón no existen personajes con la capacidad de romper más allá de Fabian Cancellara. Incluso una semiclásica como la Flecha Valona, cuya emoción se reduce a Huy, la supera.
Y es que una vez más queda corroborado. El ciclismo auténtico, la leyenda que se escribe desde la distancia y no a las puertas de meta sugieren en el aficionado el cariño que sólo las mejores saben generar y el ciclismo enlatado de consumo no más allá de los últimos cinco kilómetros no es más que una moda, que como todas, es pasajera.

1 COMENTARIO

  1. Es que en los últimos años hay una "moda" de poner repechos en los finales de etapa, en plan "resumen de youtube" que sinceramente no la entiendo. Supongo que tendrá que haber etapas y carreras de diverso tipo, pero lo que no se puede negar es que carreras como Flandes o Roubaix son ciclismo en estado puro, quizás difíciles de digerir para alguien no aficcionado realmente al ciclismo, pero que contienen toda la esencia de este deporte. A disfrutar (aunque queda una semana!!).

Deja un comentario