El epílogo de Boonen y Cancellara

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Hace once años Tom Boonen ganó en Roubaix. Recuerdo aquel día, fue la explosión de Juan Antonio Flecha. El catalán nacido en Buenos Aires reventó paulatinamente a todos los aspirantes al adoquín, uno a uno, excelentes especialistas como Lars Michaelsen y Magnus Backstedt iban cayendo, uno a uno, todos salvo George Hincapie, el eterno aspirante, y Tom Boonen, entonces un avezado flamenco que no escapaba a ningún sprint, que ganaba etapas en el Tour, etapas de la primera semana, con los mejores velocistas en liza.

Pero aquel Boonen evolucionó hacia clasicómano con todas las letras. Fue campeón del mundo en Madrid y empezó a amasar palmarés. Qué palmarés, qué golpes de efecto. Una bola de nieve engordando a toda velocidad por el precipicio. Bonita fue aquella Roubaix de 2009 en la que caían cuales piezas de serpentín sus rivales, en cuentagotas, y él siempre salía ileso. Ciclista con aureola.

El corredor envejeció y se hizo leyenda. Fue en 2012 cuando firmó la temporada perfecta, con todas las victorias posibles sobre el adoquín, salvo la que siempre se le resistió, el Het Nieuwsblad, adornándolo con una Roubaix de antología, atacando a mucho, muchísimo de meta. Desde entonces Boonen no sonríe, es un corredor, como apuntó Nico Van Looy, como inestable, que transmite fragilidad. Con todo ahí es nada: cuatro Roubaix más tres Flandes.

Y al otro lado Fabian Cancellara, como Boonen, también siete monumentos, a saber tres Roubaix, tres Flandes y un San Remo. Fabian sucedió a Boonen en Roubaix, el belga en 2005, el suizo en 2006. Cancellara también evolucionó, de ganar solo y en solitario, tras repartir a diestro y siniestro, a lo bruto, atacando en una eternidad, a dosificar sus esfuerzos, medir sus rivales. Ganar Roubaix con todos a su rueda, atentos vigilándole, eso cuando no le han acusado de ganar con motor en la bici. Un show.

Pues bien, sabed que ahora, y en lo sucesivo, durante los próximos quince días que estamos en el tiempo de descuento para Boonen y Cancellara, que en Harelbeke se abre el último capítulo de esta rivalidad que ha marcado los tiempos, el tiempo, como las de Raas, De Vlaeminck, Van Looy, Binda, Merckx, Poblet, Van Springel, Moser y Kuiper. Un dúo que entra en ese olimpo de los mejores en la materia, de los más grandes en este ciclo que un día acertamos a llamar Primavera.

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