Yo por equipo entiendo el Orica

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Entre los equipos del WT hay de todo, como en la viña del señor. Los hay que tienen grandes plantillas, y lo plasman ganando por calidad, talento o ambas cosas, Etixx, los hay que monopolizan y no hay vuelta de hoja, como el Team Sky o los hay como el Orica, que no se conforman, ni bajan los brazos, que hacen de la carretera su tablero, fichas y piezas sobre un ajedrezado que se mueven sabiamente, nada al azar, nada sin medir la consecuencia.

Si algo aborrecemos del ciclismo actual es lo previsible que se ha hecho. Hace veinte o treinta años las cosas no eran así, había individualidades que ejercían tal magnetismo que aplacaban los ánimos sin más, e imponían su criterio. Sin embargo, a veces, había equipos de avispillas que no se quedaban quietos, que ejercían la rebeldía desde la estrategia y el plan. La ONCE en tiempos de Miguel Indurain, por ejemplo, fue ese espejo donde mirarse, más allá de lo que muchos quieran verle a los amarillos tanto tiempo después.

El Orica está dirigido por un ciclista que bebió de aquellas aguas, Neil Stephens un extrovertido australiano que pone en guardia sus hombres para cada recoveco que el recorrido le ofrece. Stephens también conoció la otra cara en su tiempo como ciclista, el Festina de Roussel, qué mal acabó el pobre. El relojero, a diferencia de los amarillos, fue un equipo que en su mayor auge se conformó con muy poco para aquello que optaba, se sació con los lunares de Virenque, las etapas en el Tour y para cuando quiso el premio gordo salieron en estampida de la mejor carrera, sí, en el affaire de 1998.

Sin embargo Stephens aplica la doctrina ONCE y lo hace con éxito. Desde hace tiempo, oigo que Orica quiere fichar una baza para las generales de las grandes vueltas. Pues bien, este año, sin fichar nada, han logrado dos podios con Esteban Chaves y ha estado cerca de situar a los hermanos Yates en dos más. ¿Es necesario que fichen?

Y lo que es más importante, en esos logros el equipo ha sido decisivo, clave diría yo. Lo más reciente fue el asalto de Chaves al podio de la Vuelta, apoyado en un compañero que iba escapado, algo que no tuvo Contador. La otra piedra es la etapa del Aubisque, con Simon Yates poniendo en jaque a Movistar y Sky, rodeado de dos y tres gregarios en su ataque. Conviene no olvidar el tremendo trabajo de Rubén Plaza para Chaves en la base de Agnelo, camino de Risoul, en la etapa que situó al colombiano en a lucha por el Giro.

A todo eso le añaden resultados parciales. Se han llevado cuatro etapas en la Vuelta, la primera con un ataque antológico de Yates, que sonrojó a Dani Moreno, y las otras tres con Keukeleire y Nielsen, ciclistas de tercer orden que dan la medida del fondo de armario de los australianos.

Formidable a mi entender fue la etapa que Michael Matthews, killer donde los haya, ganó en el Tour. Ese día los Orica que se metieron en el corte fueron clave para que el polivalente velocista austral fuera otro miembro del club de ganadores de etapa en las tres grandes vueltas.

Ya veis espectáculo y resultados, eso tan complicado de aunar tantas veces pero posible si hay ganas de hacerlo diferente y bien, como Hayman en Roubaix. Menos mal que tuvimos a Orica en más de una ocasión.

Foto tomada de Orica

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