Éramos tan jóvenes…

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Como sabéis, Laurent Fignon, ciclista que en su momento silbaba en las cunetas de Montjuïc, pero que con el tiempo pareció como uno de los mejores competidores que he tenido la suerte de admirar, tiene una excepcional biografía, escrita en primera persona, llamada “Éramos tan jóvenes e inconscientes”. La obra fue traducida a varios idiomas y aquí en España, Cultura Ciclista la puso en el mercado hace más  de tres años.

El título de la obra del “profesor” nos viene perfecto para la historia que estamos leyendo hoy, la de Robert Sassone, ciclista pro con el Cofidis de inicios de los 2000 y campeón mundial de americana que ha muerto este 16 de enero por circunstancias no conocidas, según reza la web de L´ Equipe.

Sassone, nacido en Nueva Caledonia, es el tercer ciclista del Cofidis de hace tres años que fallece. Los otros dos nombres los conocéis, Frank Vandenbrocuke y Philippe Gaumont, nombres que L´ Equipe no cita, por cierto. Una desgracia, seguro, triste, sin duda, pero difícilmente podemos pensar que es casualidad. Si de Sassone no sabemos la causa de su muerte, de VDB fueron extrañas circunstancias y de Gaumont, un paro cardíaco.

Sassone ha dejado de vivir con 37 años y su currículo incluye una confesión de dopaje en toda regla, igual que la de sus compañeros anteriormente citados, dopaje con sustancias feas, muy feas, que hablan del nivel de inconsciencia que manejaron, exhibiéndola además entre fanfarronadas y chulerías, porque además se las dieron de saberlo todo, como cuenta David Millar en su libro. Por cierto, el arrepentidísmo Millar fue parte de esa colla y acabó en el cuartelillo de Biarritz.

Yo no soy forense, ni tengo elementos para saber las causas, pero como digo tres vidas rotas, tres vidas muy similares en esencia, cargadas de ambición mezclada con ignorancia, una pena la verdad, una situación que invita a pensar aquello de ¿merece la pena?. Yo lo tengo claro y me gustaría que estuviéramos ante el último episodio de una lacra que llegó para quedarse y que muy a nuestro pesar está más latente de lo que nos imaginamos.

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