Es el momento de los hombres

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“Estoy muy agradecido a la gran labor del equipo. Luego hice la primera selección en Kwaremont. Después, viendo tantas banderas suizas, tuve que darlo todo en el Parterberg” Fabian Cancellara, cinco minutos después de ganar el Tour de Flandes

 

Hubo un momento en el tiempo, un sorbo de aire, un paréntesis. En la cima del viejo Kwaremont, Fabian Cancellara le pide relevo a Peter Sagan. Éste duda y pasa, pero al medio minuto. Su cuerpo, el de Sagan, era un saco de dolor sobre finas ruedas. Estaba despoblado de áurea, las fuerzas brillaron por su ausencia. Nunca nadie hubo exigido así al eslovaco de oro. Sagan probó el extremo en sus piernas en toda su expresión. Fue en los dos últimos muros de este Tour de Flandes que camina innecesariamente por un circuito que de forma unánime no gusta.

A Peter Sagan no le vamos a descubrir ahora. Es el mejor talento de su generación, uno de esos ciclistas que surgen cada ciertas décadas, con la facilidad de los más grandes para brindar éxitos y armar espectáculo. Cada vez que creemos haberlo visto todo aparece él. Su rueda no es anónima y muchos la fijan como pasaporte a la gloria. Su enorme palmarés sin embargo esconde que hablamos de un niño. Muchos a su edad están coleteando entre las primeras experiencias ciclísticas, él sin embargo aspira a empresas mayores. No pierdan perspectiva, segundo en San Remo y Flandes y escasos veinte años. Su futuro es infinito.

Sin embargo, hay dos niveles de competición, y los monumentos señores, es otra cosa. Aquí te encuentras otro de esos ciclistas “uno entre un millón” llamado Fabian Cancellara. El suizo es irresistible si acierta en forma y distancia. A veces sus bravuconadas le valieron disgustos, Nick Nuyens aún lo celebra, sin embargo cuando toma distancia la carrera pasa lo que sólo él es capaz de hacer. Y no valoren si estaba Boonen o no, hace tres años con el belga también vestido de campeón nacional, el suizo le mojó la oreja.

El solo arrojo de Cancellara sirve para salvar una carrera entera, en medio del tedio, y quién sabe si un equipo, el suyo. En el segundo año que Flandes trazaba su ruta alrededor de este circuito con epicentro en la Oudenaarde, la catedral del ciclismo flamenco, el desarrollo no fue diferente al de las grandes jornadas de montaña del Tour de Francia. Un lento y anodino transitar por páramos y muros que acciona una silenciosa selección plasmada en cola del grupo cuando se queda éste, pincha aquel y se cae el otro.

Y es que una vez más la eclosión de Cancellara, junto a la digna defensa de Sagan, evidencia que en este tipo de pruebas nos dotamos de más favoritos de los que en realidad optan. Muchos nombres, excelentes ciclistas, pero arrugados en el momento clave. Quizá por eso los monumentos nos llenen como nada. En una semana más.

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1 COMENTARIO

  1. Grandisimo Fabian Cancellara!!!… y en un futuro cercano también grande Peter Sagan. Los "monumentos", las carreras y la carretera pone a cada uno en su sitio.

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