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Esas Vueltas ya no volverán

Opinión ciclista

Esas Vueltas ya no volverán

Endura LDB Di17
Cambrils ZC, Gran fondo

El otro día comentamos la importancia de los años acabados en cinco en la Vuelta. Comentamos que varias efemérides ocurrieron en campañas culminadas por tan impar número y destacamos la de hace veinte años, cuando la carrera pasó de celebrarse en abril a septiembre, en una especie de examen de recuperación para quienes no habían dado en do de pecho en la temporada y especialmente en el Tour.

Yo viví la Vuelta en el mes de abril y he de admitir que es otra cosa. El ciclismo es como la fruta, se disfruta en su temporada, y por mucho no que tengamos pimientos del Padrón de invernadero los doce meses del año, quien saboreó la exquisita, y picante, pieza, cuando tocaba, seguro que sabrá mejor de sus esencias que quienes nos sumamos a esta tendencia de tener de todo, todo el año.

Cambrils ZC, Gran fondo

Hace unos días por ejemplo en el Eneco Tour se subieron algunas cotas de las Ardenas y se abordó el muro de la capilla, ese lugar sagrado, meca de peregrinaciones ciclistas internacionales, que el Tour de Flandes no frecuenta desde hace cuatro años. Entendedme, ver la capilla es bonito, ciclistas aupados por griterío y la borrachera emocional hasta la puerta misma del enclave, emociona, pero sinceramente, verlo en abril, con el resquicio del último frío del invierno y el zarandeo de la humedad de la estación, pues gusta más.

Y algo así nos ocurre con la Vuelta, y algo nos recorre el cuerpo cuando en el Facebook de Eduardo Chozas vemos su foto en la cronoescalada de Vadezcaray en 1991, forrado por el buzo amarillo de la ONCE y confundido entre la niebla del “horno helado” de la cima riojana. Un gusto, para quienes vimos la Vuelta en abril, que no somos otros que los que fuimos a EGB, ahora que está tan de moda recordar aquella generación.

Fueron las vueltas de Perico contra los colombianos, de las pájaras de Lale Cubino en Cerler, las de Kelly y Herrera, la inesperada de Mauri, las que abrieron el periplo de Tony Rominger,… carreras que no cotizaban entre las estrellas internacionales, por estar cerca de las clásicas, por situarse antes del Giro, por quedar lejos del Tour. Carreras que no necesitaban, por eso, grandes vedettes porque se vestían de aliño doméstico, provinciano, si se me permite, pues había seis, siete y ocho equipos españoles, un seguimiento en la radio tremendo, programas a todas las franajas horarias, televisión en directo, resumen por la noche. Un lujo.

Aquellas vueltas las seguía, retorcido en el pupitre de mi colegio, sin que el profe te viera. Quería saber, porque no me gustaba esperar a salir por la tarde, si Lale había aguantado, si Marino había ganado, si Perico ataba a los colombianos. Esas Vueltas no volverán.

Este post no habla de cambio de fechas, ni siquiera lo propone, quienes gestionan el tinglado saben mejor que nadie si conviene o no. Este post habla de nostalgia, de años en los que el ciclismo era inmaculado en la esencia de uno, de años que paralizaban el país al paso de la Vuelta, de años, que muy posiblemente, quedarán en la memoria, nada más.

Endura LDB Di17
Cambrils ZC, Gran fondo
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