Ese padre que ve a su hijo ciclista partir…

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“Lamento profundamente la pérdida de Victor Cabedo, sólo los que tenemos hijos realizando sus entrenos casi a diario en la carretera, nos podemos llegar a imaginar el dolor de su familia, descanse en paz. Parándose a pensarlo bien, esto del ciclismo es muy complicado, pero nos gusta tanto!! Sin ir más lejos, ayer, mi chico con tan solo 15 años me llamó. Estaba con las dos ruedas pinchadas a 30 kilómetros de casa, solo, sin compañeros, por carreteras inhóspitas donde no pasa ni un alma. Nunca le dejo salir sin el móvil, menos mal, una llamada de teléfono y a buscarlo. Mientras vas de camino, parece que no llegas nunca, cuando lo ves bien respiras hondo, menos mal. Al día siguiente vuelta a empezar. No se si merece la pena tanto sufrimiento, pero es un estilo de vida y todos estos chicos son de otra pasta”.

Este extracto íntegro lo firma Ramón Seco en su muro de Facebook al cobijo de la extrañeza por la muerte de otro ciclista, esta vez un pro, valenciano, muy joven y naranja: Víctor Cabedo. Seco es un apellido ilustre en les terres de Lleida –permítanme los castellano parlantes esta licencia-. Su muro de Facebook y su blog son paredes vidas de pasión ciclista, con historias, historietas, de ayer de hoy, todas sobre ruedas, sobre una bicicleta. En casa, no podía ser de otra manera, tiene un ciclista.

Esto es el ciclismo de bambalinas. No lo conocemos, pues lo padecen en silencio sufridos padres que asienten ante las obligaciones de sus chavales para con la bicicleta, la carretera y el ciclismo. Suena duro. “Respiras hondo, menos mal”. Momento en que ves al chaval tras llegar de entrenar o cuando le recoges en la carretera por que ha pinchado en medio de la nada.

Así es la rutina en la casa de muchos de los críos que salen diariamente a intentar ganarse la vida sobre una bicicleta. Los que somos padres nos estremecemos cuando oímos relatos así. La carretera, el vivero de ciclistas, se ha convertido en territorio hostil. Quedan otras opciones, surgen circuitos cerrados, pero no son más que apaños para intentar retrasar lo inevitable, que no es otra cosa, que un día cojan su máquina y se lancen al asfalto a hacer kilómetros.

Semanalmente, casi como en la violencia de género, oímos sobre la muerte de un ciclista. El caso de Víctor Cabedo emerge por su condición de ciclista profesional, pero también por los muchos buenos amigos que dejó por el camino. Sin embargo, la cantidad de ciclistas anónimos que alimentan la mortandad es alarmante.

Cruzaban en twitter impresiones dos corredores profesionales, como Víctor. David Blanco y Luis Angel Maté hablaban de la hostilidad que reina en la carretera hacia el ciclista. Les mandaban de vuelta a buscar un trabajo, me comentan, como si quien se lo dice no supiera que ellos estaban trabajando en ese preciso instante.

Si la ignorancia de una tierra se midiera por el desprecio a la bicicleta, España podría encabezar el ranking. Sin una política clara, sin premisas factibles, cada ente, administración lanza su diatriba a favor de este medio limpio, barato, saludable, sostenible… sin embargo las carreteras están como están, y las ciudades son amasijos de carrocerías amenazando la interioridad de quien tiene agallas de ir al trabajo en bicicleta.

Señores, por favor, que la bicicleta invadió nuestras calles hace 120 años, y hoy está más vigente que nunca. Rogamos el respeto, siempre recíproco, que la máquina y sobretodo sus practicantes se han ganado.

 

Foto tomada del muro de Facebook de Cristian Thomas

 

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2 COMENTARIOS

  1. Es una pena, pero España no tiene cultura ciclista.No entienden de las horas y kilometros que tienen que hacer de entrenamiento un ciclista antes de pasar a profesionales, muchas de ellas solo; como era el caso de Victor Cabedo.
    Además el ciudadano de a pie, en la mayoria de las ciudades tampoco está preparado para convivir con la bicicleta, algo que en los tiempos que corren sería una autentica ventaja.

  2. Quiero dejar mi comentario, ya que coincido en que el ciclismo a parte de deporte es una filosofia de vida, la cual choca frontamente con la filosifia irracional del sistema de vida que nos hemos otorgado, los que nos denominamos seres racionales, y en esta parte del globo terraqueo que nos toca vivir, no somos un ejemplo a exportar, ya que a mi manera de pensar y actuar en este momento se le da prioridad a todo lo que me rodea, la consecuencia es la falta de respeto al projimo, sobre manera si es más debil en ese momento, trabajemos para invertir comportamientos, es lo único que nos queda.

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